sábado, 17 de enero de 2009

Love will tear us

El amor nos volverá a destrozar
y se reíra de nosotros
como siempre lo hizo,
un huracan malintencionado
que nos mueve a su antojo:
ahora juntos
ahora en el cruce de caminos.

Mi cuerpo girará colgado de una viga.
Llorareis mi estupidez
pero siempre estaré entre vosotros,
con mi flequillo imposible
impasible en viejas fotografías en blanco y negro
(que es el color de los muertos
y del pasado doloroso
y de las mariposas en invierno)

El amor nos destrozará de nuevo, cariño,
pero no sufras
que aún me quedan fuerzas
para intentarlo una vez más,
una nueva construcción
tan precaria como todas las demás,
colocando ladrillo a ladrillo
esperando la lluvia atroz
que lo derrumbe todo de nuevo.
Y tú bailando junto a cualquier carretera
con la luna tatuada en tu espalda.
Y yo saltando encima de los charcos
con estúpida rabia infantil.

viernes, 16 de enero de 2009

Crónica sentimental de los 90

Jarvis Cocker con un pañuelo de seda al cuello.
Martini con limón. Vodka con naranja. Cerceza Coors.
La felicidad pesada en gramos.
Las lenguas voraces de chicas que nunca aparecieron.
Veranos que duraban un suspiro.

Recuerdo a un tipo de piel cetrina
que dormía todos los martes en un banco.
Bares cochambrosos y deliciosa tortilla de patata.
Volkswagen golf GTI con música espantosa.
Un gorro de pescador de Damon Albarn.
Chandals adidas que encontrabas en todas partes.
Punks de la MTV recubiertos de tatuajes.

Antes había más perros por las calles
y más perros colgando de los árboles
a finales de marzo.
Las lágrima de orgullo por un doblete.
Un bebé persiguiendo un billete por una piscina.

jueves, 8 de enero de 2009

Adolescentes

Pequeños ejércitos de Lords Byron
bailando al compás
de ritmos imposibles,
con los volantes de sus camisas
ajados y mugrientos.
Romanticos empedernidos que aún lloran
en la intimidad de sus nidos de barro,
insonmes obligados por las circunstancias
que hablan con una voz prestada
y quieren cortarse las venas cada amanecer
y beber vino en buhardillas apenas iluminadas.

Ruidosas lunas de papel de plata
que se deslizan con suavidad por los brazos
tatuados
de princesas destronadas
en el banco de hierro de un parque asilvestrado,
con las ojeras delatoras
y el camino ennegrecido del rímel
como cruel metáfora de su futuro.
Gritan las niñas a las puertas de los hospitales
consignas en clave:
RU-486
como un nuevo robot de la guerra de las galaxias,
como unas nuevas deportivas,
como un atractivo espia en plena guerra fría.
RU-486
salva el futuro que se nos escapa
por los arroyos embravecidos de nuestras mejillas.

Se mesan los cabellos con delicadeza,
se estiran los volantes victorianos de sus camisas
y tocan en la pianola
viejas melodías desconocidas.