miércoles, 25 de agosto de 2010

Pregón Fiestas 2010

Hola, buenas noches a todos. Me llamo Antonio Torrejón y de pequeño quería ser escritor. Bueno, también quise ser delantero centro de primera división, inventor chiflado, químico más chiflado aún y cantante de rock. Pero escritor siempre estuvo entre mis preferencias.
De todas formas no es algo muy difícil de entender. Quiero decir que mi casa estaba, y sigue estando, atestada de libros. Seguramente si en vez de montañas de libros hubiese habido montañas de, que sé yo, cables pues hubiese querido ser electricista. Pero no, lo que había en mi casa, principalmente, eran libros. Así que desde pequeñito yo quise que alguno de esos libros que inundaban las estanterías de mi casa llevase mi nombre escrito en la cubierta.

El problema es qué hacer para ser escritor. Porque otras vocaciones no tienen tantos problemas. Si quieres ser biólogo vas a la universidad, estudias duro y unos cuantos años después tienes un papel en el que pone que eres biólogo. O veterinario. O arquitecto técnico. Pero ¿escritor? Así que empecé a hacer lo que suponía que era lo correcto: escribir. Bueno, escribir y leer, y no necesariamente en ese orden. Pero ahí no terminan los problemas. Tú escribes y escribes, todos los días. Escribes relatos cortos, poesías cursis, amagos de novelas, relatos más largos, poesías más profundas. Y cuando has escrito todo eso, llega una nueva pregunta: ¿Qué hago con ello? Es aquí donde verdaderamente surgen los problemas. En mi caso lo que hice durante años fue dejar que acumulase polvo todo lo que había escrito durante años.
Pero el año pasado decidí que ya había acumulado demasiado polvo y que era la hora de ponerlo en movimiento. Así que empecé a mandar algunas cosas a concursos literarios. Y es aquí, en este momento del relato, donde ocurre el milagro. Sin esperármelo de ningún modo, una mañana de mayo recibo un correo electrónico que dice que he ganado el primer premio del certamen de jóvenes artistas de Castilla-la Mancha en la categoría de relato. Evidentemente no me lo creo. Supongo, en un primer momento, que se trata de un error. Pero unas horas más tardes recibo una llamada telefónica dándome la enhorabuena y confirmando el email.

Y es entonces cuando me acuerdo de las montañas de libros de mi infancia. Es en ese momento cuando me acuerdo de mi padre, de su vieja olivetti con la que escribió poesías maravillosas. En esa mañana de mayo me vienen a la cabeza los libros de Julio Verne, de Emilio Salgari, de Stevenson que mi padre me recomendaba o aquellos libros naranjas de la colección Barco de Vapor que nos compraban mis padres cuando íbamos a algún centro comercial. Y es en esa mañana de mayo cuando se me llenan los ojos de lágrimas sabiendo que mi padre está orgulloso de mí desde el sitio maravilloso en el que está ahora.

Pero las sorpresas no se terminarían ahí. En el mes de Julio me llaman desde el Ayuntamiento para preguntarme si quiero dar el pregón de las fiestas de este año 2010. No lo dudé ni un instante. Para mí ese fue otro premio, tan importante o más como el primero ¡Dar el pregón en las fiestas de mi pueblo! Ahí es nada. Debo reconocer que desde entonces me he imaginado aquí arriba sin conseguirlo del todo bien. Me venían a la mente las imágenes de otras fiestas. Recuerdos de un escenario de madera, de niñas bailando sevillanas, entre las que se encontraba mi niña. Me venían imágenes de otros peinados, otros vestidos. Sonidos de canciones que ya no se escuchan. Me veía a mi mismo con ocho años bailando en una plaza de arena aquello de que vienen los patitos o sentado en una silla viendo como los mayores bailaban muy estirados pasodobles entrañables. Puestos de globos, la churrería azul y blanca colocada en el paseo, el perrito piloto, la “Vieja Banda”, la música machacona de los coches de choque, los pañuelos colocados en la pierna, las camisetas de las Peñas, la orquesta Attica. No sé, muchos recuerdos, muchas imágenes que me impedían poder verme este 17 de agosto de 2010 subido aquí arriba.

Y entonces me detuve a pensar un momento. Porque parece que todo ha cambiado. Nos da la impresión de que estas fiestas ya no son iguales que las de nuestra infancia, que ya nada es lo mismo. Que la feria ya no está en el paseo y el escenario ahora es mucho más estable y la plaza no tiene arena. Pero no nos damos cuenta de que las fiestas son como nosotros queremos que sean. Que las podemos vivir como cuando teníamos catorce años o quedarnos sentados a un lado de la plaza sin bailar ¡Claro que las cosas han cambiado! ¿Cómo no iban a cambiar? Todo ha cambiado, no solo las fiestas. Pero está en nuestra mano vivir las fiestas como cuando éramos niños. Está en nuestras manos bailar, reír, quedar con los amigos y hacer todo aquello que hacíamos cuando éramos más jóvenes.
Por eso, desde aquí, desde este estrado que me han concedido con mucha amabilidad los responsables de la corporación municipal, os animo a que viváis unas fiestas diferentes. Que os olvidéis de complejos y de años encima y os dediquéis a disfrutar de vuestras fiestas. Porque son vuestras, son nuestras y son de todos. Y somos nosotros los que tenemos que hacer que sean inolvidables.

No me quisiera despedir sin tener un recuerdo muy especial para alguien que nos dejó hace hoy seis años. Es una de las mejores personas que he conocido nunca y eso es lo mejor que se puede decir de nadie. Seguramente, desde donde esté ahora, se está partiendo de risa viéndome aquí subido. Por eso, esto que estoy leyendo también va por ti Juanfri.

No me quiero alargar mucho más porque seguro que estáis tan ansiosos como yo de que el primer cohete de las fiestas estalle en el cielo. Disfrutad de esta semana y un abrazo muy fuerte para todos. Solo me queda decir

¡VIVA ESQUIVIAS!, ¡VIVAN LAS FIESTAS! Y ¡VIVA LA VIRGEN DE LA LECHE!

martes, 4 de mayo de 2010

El final de una quimera

Pues sí, bombachas. Viene al pelo la canción. Y la foto. Para todos los que recordamos aquel cochinillo sabemos que fueron momentos irrepetibles, mágicos, alucinados y alucinógenos, que sabemos que no volveran pero que tampoco se iran para siempre, porque siempre los recordaremos.

A veces queremos hacer ver que no queda nada, pero queda, y mucho. La llamita se ha ido extinguiendo poco a poco, por el tiempo, el desgaste y mil historias más, pero la muy cabrona se niega a apagarse del todo. Y bien que me alegro yo. Claro que me gustaría que ardiese como una antorcha, pero me conformo con que siga alumbrando. Y sobre todo dando calor. Sobre todo ahora, que seguro que miras por la ventana y el cielo es gris y no para de llover. Ahora es cuando te tienes que arrimar a la llamita buscando calor. Y nosotros desde aquí igual.

Porque siempre se trato de eso. De darnos calorcito del bueno, de estar, sobre todo, en las malas, que en las buenas las palmadas en la espalda ganan por goleada.

Disfruta de tu exilio (espero que breve) por tierras guiris y acuerdate, acuerdate mucho que es lo mejor que nos queda.

Un abrazo

http://www.youtube.com/watch?v=Kv9iqcRkMk8

martes, 27 de abril de 2010

niña lunar

Mi pijama sigue oliendo a ti.
Busco con calma,
recreándome en la búsqueda,
las montañas de calcetines de colores
que me dejaste escondidos
en el amasijo de sábanas.
Y busco tu olor
entre las cuatro esquinas enormes
de mi cama,
en el tacto suave de mi almohada
que aún late a tu compas.
Hace nada estabas aquí tumbada
junto a mi,
con la espalda desnuda aún dormida
y los rayos del sol
tatuándote mensajes de luz .
Yo dibujando formas imposibles
uniendo los lunares de tu cuerpo
y escribiéndote poemas enteros
con los dedos mecanografiando torpemente
tu piel.
Un poema decía:
Eres la niña lunar,
tan maravillosa que es imposible
que seas humana,
tan increíble
que seguro que viniste de lejos
de otro planeta
de otra galaxia
de tu propio satélite
un astro entero para ti sola,
como la principita que eres.
Y te trajiste contigo
pequeños trozos de tu planeta
pegados por el cuerpo
para acordarte de tu tierra,
para que yo juegue los domingos,
mientras aún duermes,
a dibujarte corazones mal hechos
en la espalda,
y pájaros sin alas
en el vientre,
y pirámides egipcias
en el cuello.
Para que te escriba poemas sin tinta
que se desvanecen a cada respiración tuya,
poemas de muerte instantánea
sin trascendencia,
como estos domingos de sol.
Porque viniste de tan lejos,
niña lunar,
solo para hacerme feliz,
para despertarnos juntos
todas las mañanas
quitándonos los legañas
Tú a mí
Y yo a ti.

Todo eso decía uno de los poemas
que escribí por todo tu cuerpo,
hasta que te giraste
y se cayeron por la cama
todas las letras invisibles,
quedando las sábanas llenas de
aes, y erres y jotas
y de eles que se me clavaran esta noche
en la espalda
y también por eso
me acordaré de ti.
Te giraste
y me miraste con los ojos aún medio cerrados,
la sonrisa clara como el día
“me has hecho cosquillas”
“lo siento”
“No importa. De hecho me gusta
despertarme así”
“A mi me gusta despertarme a tu lado,
me da igual como”
“A eso me refería”
Y la niña lunar me coge del cuello
y me besa dulcemente
y me traslada a otro mundo,
a su mundo,
a su luna,
donde los domingos hace sol
y ella y yo
dormimos siempre juntos.

la otra cara de Berlín

“In Berlin, by the wall / you were five foot ten inches tall / it was very nice” Berlin. LOU REED

Si, claro que viviremos en Berlín.
Yo bailaré desnuda
en viejos clubs de las SS
y tú haraganearas
todas las mañanas con tu nikon al cuello,
haciendo fotos desenfocadas
a las palomas grises
de algún parque.

A la noche
compraremos vino tinto
y panecillos con matequilla
y una lámpara
con la pantalla verde,
y escucharemos en silencio
aquel disco de Edith Piaf
que robaste la tarde que nos conocimos.
Tú subirás mi manga
y yo subiré tu manga
y el pinchazo ligero
será una nueva forma de redención.
Ya sabes,
cuando Caroline habla
las piedras callan
y las guitarras lloran
notas desafinadas;
pero no te preocupes dulce niño
que cuando despiertes
nos iremos a bailar tecno alemán
durante tres días seguidos
hasta que tus botas militares
pidan clemencia.

Vuelta a empezar,
a vender piedrecitas brillantes del muro
a turistas distraídos,
a volver a pasearte por Berlín
con tu bicicleta artrítica,
a escribir odiosos poemas de amor,
a fumar en pipa
y llevar sombrero.
Vuelta al trabajo de ocho horas
en una ferretería,
a las cenas interminables con aquel amigo tuyo
crítico de la berlinale.
yo prefería el vértigo
del piano tristón y decadente,
de los amigos del speed y la chaquetas de cuero.
Pero ya sabes, dulce niño,
la voz de Caroline
cada vez suena más apagada
entre los lloros interminables
de los bebés.

outsiders

…pero los OUTSIDERS son mucho más fascinantes porque son unos acabados de la vida teniendo capacidad para cambiar el mundo, unos incomprendidos cuya mayor seña de identidad es que no les importa serlo. "¿Triunfar, explotar mis habilidades? ¿Para qué?", el éxito no tiene ningún sentido…


Siempre fuimos outsiders,

poetas salvajes y obscenos al principio

dulces yonkis después.

Escribí poesía basura de amor

hasta los 17 años,

luego todo se transformó

en una espiral imposible

mezcla de pop independiente

y cocaína adulterada.

Acumulábamos teléfonos de dealers colombianos

y los quemábamos uno a uno

cualquier domingo por la mañana

“pinche boludo, ¿estás loco?

¿sabés que horas son?”

click.

Otro que colgó.

La política es para los piojosos

para los pobres y los muy ricos,

para los que no saben vestir

y no conocen a Ian Curtis.

La política no es para nosotros,

elegantes jóvenes underground

que vivimos en un pueblo de 3000 habitantes

como si perteneciésemos a la Factoría

de Warhol,

que vemos las iglesias antiquísimas

como rascacielos de la Gran Manzana.

Siempre fuimos farsantes

pero vivíamos la farsa con respeto

creyéndonos cada palabra,

cada nota distorsionada de guitarras

ajenas.

Bellos timadores

siempre al margen,

siempre escondidos en un rincón oscuro

ajenos a las miradas extrañas,

indiferentes al sol de mediodía

temerosos del silencio infinito.

Al final todo acabó.

Volvimos a ser seres útiles

sin ojeras,

dormimos de nuevo sin dificultad a

horas razonables.

Ya no soñamos

o lo hacemos con cosas aburridas

que no merecen ni contarse.

Se acabó el vino portugués

y las setas holandesas

criadas con mimo.

Los outsiders prometimos seguir juntos,

vivir juntos,

evidentemente morir juntos.

Pero todos claudicamos,

uno a uno,

en silencio, no hubo disputas.

Simplemente se pudrió

miércoles, 18 de marzo de 2009

Adolescencia V

cotidianidades
[historia de Norman]

Norman llegó borracho un sábado, Norman llegó borracho muchos sábados seguidos. aquel sábado había sido el mejor en mucho tiempo. había hablado con algunas chicas, incluso un pezón había rozado inocentemente su brazo (¿inocentemente?) había acabado con unas cuantas botellas de vino, un vino barato pero bastanta aceptable (¿qué vino no es aceptable para un chico de 18 años un sábado con ganas de borrachera?) había habido más chicas aquella noche, vio algunas lenguas muy de cerca y Norman se sentía bien.
aquel sábado también hubo marihuana en un un callejón, también hubo locuras, magnificas locuras. Norman se encontraba entre aquel coche y la luna, volando a dos mil metros de altura.
pero todo lo bueno termina y a Norman le llego la hora de bajar de la luna. le cogieron dos amigos un poco menos borrachos que él, dos amigos con una pizca de lucidez que les dio a entender que algo marchaba mal cuando le encontraron vomitando en el suelo. los tres formaban un cuadro curioso arrastrándose por la calle, unos apoyados sobre los otros gritando incoherencias. llegaron a casa de Norman y abrieron como pudieron. Norman se cayó en el portal y rompió algo que sonó muy valioso. se encendió una luz, se oyeron unos pasos y apareció el padre de Norman. "¿qué me traéis aquí?" gritó, bramó, escupió "es Norman. ha bebido un poco" tartamudeo uno de los dos amigos. "eso no es mi hijo. ese andrajoso borracho no es nada mío. llevaos eso de aquí o llamo a la policía" Norman no se movía en su alfombra del portal. los amigos salieron corriendo y las luces se apagaron, los ruidos se apagaron y Norman durmió en el portal aquella noche.

al día siguiente en casa de Norman hubo lágrimas (de su madre), hubo gritos (de su padre) y hubo más gritos (de Norman). hubo amenazas, insultos y caras largas de los hermanos de Norman. esto es lo peor, pensaba Norman, con un dolor de cabeza de magnitudes imposibles. tenía la boca seca, pero no paraba de gritar. la garganta aprisionada, las cuerdas vocales eran ásperos cabos, pero no se rendía. el fin se olía por allí, se notaba su presencia cerca de ellos. Norman fue a su habitación e hizo una maleta ridícula, en realidad no pensaba en lo que estaba cogiendo, mientras hacia su ridículo equipaje pensaba en otra cosa. oía a su madre llorar y se encogía hasta no ser nada. abrió la puerta y se fue. no se despidió de nadie, no dijo adiós a su madre, ni dejó una nota encima de la cama: todos sabían porque se iba.

todo empezó a derrumbarse en aquella casa en ese momento. también se cayó todo en la vida de Norman, pero el tenía mucho tiempo para construir todo de nuevo y construirlo mucho mejor. nada fue lo mismo para casi nadie. la madre intentaba sonreír casi todo el tiempo, pero sus ojos sólo existían como vidrio; el padre intentaba una calma aparente que siempre le había acompañado, pero era un volcán a punto de explotar; los hermanos habían perdido la voz, eran un susurro, un cuchicheo: eran sombras.

Norman no vivió mal. estuvo en casa de un amigo hasta que encontró un trabajo y ganó algo de dinero. vivía en una pensión, el solo, donde no había nadie abriendo y revolviendo sus cajones. salía por la noche y volvía borracho. podía dormir en el suelo si quería, podía beberse dos litros de agua si tenía resaca. podía fumarse porros enormes antes de dormir y llevarse a la cama putas de enormes tetas. tenía su propio dinero para comprar libros, discos y botellas de vino carísimas para invitar a sus putas de lujo. pero sólo era el trabajador de una fábrica de galletas y en sus sueños de grandeza eso no aparecía por ninguna parte. empezó a escribir canciones y compró una destartalada guitarra de segunda mano. con una voz rota y un puñado de canciones salvajes se presentaba de bar en bar, cosechando botellazos y alguna que otra flor. tocaba a última hora, cuando sólo quedaban parejas de borrachos sobándose en un rincón oscuro. si el dueño del bar había tenido una buena noche le daba un poco de dinero. de vez en cuando iba alguna chica borracha, se sentaba en primera fila y observaba con ojos de borracha el concierto. al terminar, Norman la invitaba a una cerveza y se la llevaba a su vieja pensión. ya no había caras botellas de vino en su habitación, le habían echado de la fábrica porque siempre llegaba tarde. se mantenía a base de cajas de galletas que había robado. tenía galletas de chocolate, de fresa, con agujeros, sin agujeros, de nata, hasta galletas con forma de polla. de vez en cuando salía a la calle a tocar un poco para ganarse unas perras. si había suerte además de ganarse para una botella de vino y una comida decente, también se tiraba a alguna yonki que pasase por allí.

siguió tocando en tugurios del tres al cuarto, recibiendo botellazos y eructos con olor a cerveza rancia. pensaba, algún día llegará mi oportunidad, Norman tu siempre has tenido suerte. pero la suerte de Norman se había acabado y una de las yonkis que se follaba casi a diario le contagió el sida. Norman se asustó un poco cuando se lo dijeron, cogió las cuerdas de la guitarra y se ahorcó con ellas.

fue una muerte muy bonita, muy significativa. las fotos policiales quedaron muy bien: un tipo demacrado colgado de una viga de madera en una sucísima habitación de pensión. debajo de él, una guitarra sin cuerdas. por toda la habitación cientos de paquetes de galletas vacíos, galletas aplastadas, condones usados, botellas de vino terciadas, libros rotos, discos partidos y colillas repartidas por todos los rincones. todo era muy simbólico, y ni siquiera después de un suicidio tan maravilloso sus canciones se consideraron algún tipo de arte, ni a él se le consideró artista. sólo era otro chico drogadicto más.

Adolescencia IV

tempo
[verano]

perros en llamas. es un pensamiento estúpido pero ahora pienso en perros en llamas. una noche pegajosa de julio. las moscas zumban, las moscas cantan su melodía escatológica. dedos afilados y torpes que persiguen moscas en alguna habitación: la casa estival de la desesperación. moscas de colores arco-iris. las moscas se burlan de ti. las moscas están aquí, viven contigo, envejecen junto a ti. noche pegajosa, golosa, inquietante. noche de julio en calma. las sábanas pertenecen a tu cuerpo para toda la noche. desnudísimo: tan patético, tan necesario. una bombilla incandescente alumbra toda la habitación y las moscas siguen su hipnótica luz. alguien estará muriendo en este mismo momento por aquí cerca. el asfalto abrasa y hay perros en llamas dentro de mi cabeza sudorosa. noche incomoda de julio, que se convierte en interminable frente a estos folios. doble o triple realidad: la realidad de las moscas y la realidad de la lámpara. pequeñas hormigas rojas hacen procesión recogiendo algunos restos enmohecidos. moscas simpáticas, manchas de sangre (de moscas masacradas) en la pared blanca.
va a amanecer. las lámparas pasaran de moda una vez más y las moscas crecerán hasta ser gaviotas. el sol, allí está el sol quemando mis folios. nado entre mis restos sudorosos. ojos como jueces en la cabecera de mi cama, y yo sudoroso y muerto. las sábanas son mi piel: descansare eternamente aquí. descansaré eternamente durante todo el calmado y pacífico mes de julio.

[poema I o como ser poeta a los 17 años y no volverte loco]
escucha,
¿no oyes a los grillos?
yo si.

no es que haya nada malo en viajar a México,
pero ya sabes
allí hay serpientes en palacios,
hay cáctus-espías
y coches muy grandes y rojos.

no es que tenga ningún problema con España,
pero aquí los poetas
se caen por la ventana mientras arreglan persianas.
aquí todo está muy descuidado,
no se si me entiendes, hay literatos muy bajo tierra
y la poesía sólo ocupa esquelas en los periódicos.

no me imagino a Cervantes
como premio nobel,
aunque tampoco puedo imaginarme
con una pluma y un tintero.
no creo que Shakespeare
tuviese ningún problema
cuando tenía la pluma en la mano (las dudas...),
estoy seguro.
Shakespeare sabía lo que se esperaba de él,
conocía su inmortalidad de antemano.
todos saben de su inmortalidad antes de tiempo.

escribo breves poemas mundanos
(los otros poemas están reservados
para los inmortales)
escribo mis poemas mientras viajo en coche
(el coche es el mejor lugar para escribir)

escribo fantasías amorosas
como cuentos de navidad
o como flores silvestres.
crecen rosas negras en mi cabeza
y yo escribo poesía
¿no te parece curioso?
nacen pequeños abortos de demonio
dentro de mi
y yo escribo poesía.
¿no te parece curioso?