miércoles, 25 de agosto de 2010
Pregón Fiestas 2010
De todas formas no es algo muy difícil de entender. Quiero decir que mi casa estaba, y sigue estando, atestada de libros. Seguramente si en vez de montañas de libros hubiese habido montañas de, que sé yo, cables pues hubiese querido ser electricista. Pero no, lo que había en mi casa, principalmente, eran libros. Así que desde pequeñito yo quise que alguno de esos libros que inundaban las estanterías de mi casa llevase mi nombre escrito en la cubierta.
El problema es qué hacer para ser escritor. Porque otras vocaciones no tienen tantos problemas. Si quieres ser biólogo vas a la universidad, estudias duro y unos cuantos años después tienes un papel en el que pone que eres biólogo. O veterinario. O arquitecto técnico. Pero ¿escritor? Así que empecé a hacer lo que suponía que era lo correcto: escribir. Bueno, escribir y leer, y no necesariamente en ese orden. Pero ahí no terminan los problemas. Tú escribes y escribes, todos los días. Escribes relatos cortos, poesías cursis, amagos de novelas, relatos más largos, poesías más profundas. Y cuando has escrito todo eso, llega una nueva pregunta: ¿Qué hago con ello? Es aquí donde verdaderamente surgen los problemas. En mi caso lo que hice durante años fue dejar que acumulase polvo todo lo que había escrito durante años.
Pero el año pasado decidí que ya había acumulado demasiado polvo y que era la hora de ponerlo en movimiento. Así que empecé a mandar algunas cosas a concursos literarios. Y es aquí, en este momento del relato, donde ocurre el milagro. Sin esperármelo de ningún modo, una mañana de mayo recibo un correo electrónico que dice que he ganado el primer premio del certamen de jóvenes artistas de Castilla-la Mancha en la categoría de relato. Evidentemente no me lo creo. Supongo, en un primer momento, que se trata de un error. Pero unas horas más tardes recibo una llamada telefónica dándome la enhorabuena y confirmando el email.
Y es entonces cuando me acuerdo de las montañas de libros de mi infancia. Es en ese momento cuando me acuerdo de mi padre, de su vieja olivetti con la que escribió poesías maravillosas. En esa mañana de mayo me vienen a la cabeza los libros de Julio Verne, de Emilio Salgari, de Stevenson que mi padre me recomendaba o aquellos libros naranjas de la colección Barco de Vapor que nos compraban mis padres cuando íbamos a algún centro comercial. Y es en esa mañana de mayo cuando se me llenan los ojos de lágrimas sabiendo que mi padre está orgulloso de mí desde el sitio maravilloso en el que está ahora.
Pero las sorpresas no se terminarían ahí. En el mes de Julio me llaman desde el Ayuntamiento para preguntarme si quiero dar el pregón de las fiestas de este año 2010. No lo dudé ni un instante. Para mí ese fue otro premio, tan importante o más como el primero ¡Dar el pregón en las fiestas de mi pueblo! Ahí es nada. Debo reconocer que desde entonces me he imaginado aquí arriba sin conseguirlo del todo bien. Me venían a la mente las imágenes de otras fiestas. Recuerdos de un escenario de madera, de niñas bailando sevillanas, entre las que se encontraba mi niña. Me venían imágenes de otros peinados, otros vestidos. Sonidos de canciones que ya no se escuchan. Me veía a mi mismo con ocho años bailando en una plaza de arena aquello de que vienen los patitos o sentado en una silla viendo como los mayores bailaban muy estirados pasodobles entrañables. Puestos de globos, la churrería azul y blanca colocada en el paseo, el perrito piloto, la “Vieja Banda”, la música machacona de los coches de choque, los pañuelos colocados en la pierna, las camisetas de las Peñas, la orquesta Attica. No sé, muchos recuerdos, muchas imágenes que me impedían poder verme este 17 de agosto de 2010 subido aquí arriba.
Y entonces me detuve a pensar un momento. Porque parece que todo ha cambiado. Nos da la impresión de que estas fiestas ya no son iguales que las de nuestra infancia, que ya nada es lo mismo. Que la feria ya no está en el paseo y el escenario ahora es mucho más estable y la plaza no tiene arena. Pero no nos damos cuenta de que las fiestas son como nosotros queremos que sean. Que las podemos vivir como cuando teníamos catorce años o quedarnos sentados a un lado de la plaza sin bailar ¡Claro que las cosas han cambiado! ¿Cómo no iban a cambiar? Todo ha cambiado, no solo las fiestas. Pero está en nuestra mano vivir las fiestas como cuando éramos niños. Está en nuestras manos bailar, reír, quedar con los amigos y hacer todo aquello que hacíamos cuando éramos más jóvenes.
Por eso, desde aquí, desde este estrado que me han concedido con mucha amabilidad los responsables de la corporación municipal, os animo a que viváis unas fiestas diferentes. Que os olvidéis de complejos y de años encima y os dediquéis a disfrutar de vuestras fiestas. Porque son vuestras, son nuestras y son de todos. Y somos nosotros los que tenemos que hacer que sean inolvidables.
No me quisiera despedir sin tener un recuerdo muy especial para alguien que nos dejó hace hoy seis años. Es una de las mejores personas que he conocido nunca y eso es lo mejor que se puede decir de nadie. Seguramente, desde donde esté ahora, se está partiendo de risa viéndome aquí subido. Por eso, esto que estoy leyendo también va por ti Juanfri.
No me quiero alargar mucho más porque seguro que estáis tan ansiosos como yo de que el primer cohete de las fiestas estalle en el cielo. Disfrutad de esta semana y un abrazo muy fuerte para todos. Solo me queda decir
¡VIVA ESQUIVIAS!, ¡VIVAN LAS FIESTAS! Y ¡VIVA LA VIRGEN DE LA LECHE!
martes, 4 de mayo de 2010
El final de una quimera
A veces queremos hacer ver que no queda nada, pero queda, y mucho. La llamita se ha ido extinguiendo poco a poco, por el tiempo, el desgaste y mil historias más, pero la muy cabrona se niega a apagarse del todo. Y bien que me alegro yo. Claro que me gustaría que ardiese como una antorcha, pero me conformo con que siga alumbrando. Y sobre todo dando calor. Sobre todo ahora, que seguro que miras por la ventana y el cielo es gris y no para de llover. Ahora es cuando te tienes que arrimar a la llamita buscando calor. Y nosotros desde aquí igual.
Porque siempre se trato de eso. De darnos calorcito del bueno, de estar, sobre todo, en las malas, que en las buenas las palmadas en la espalda ganan por goleada.
Disfruta de tu exilio (espero que breve) por tierras guiris y acuerdate, acuerdate mucho que es lo mejor que nos queda.
Un abrazo
http://www.youtube.com/watch?v=Kv9iqcRkMk8
martes, 27 de abril de 2010
niña lunar
Busco con calma,
recreándome en la búsqueda,
las montañas de calcetines de colores
que me dejaste escondidos
en el amasijo de sábanas.
Y busco tu olor
entre las cuatro esquinas enormes
de mi cama,
en el tacto suave de mi almohada
que aún late a tu compas.
Hace nada estabas aquí tumbada
junto a mi,
con la espalda desnuda aún dormida
y los rayos del sol
tatuándote mensajes de luz .
Yo dibujando formas imposibles
uniendo los lunares de tu cuerpo
y escribiéndote poemas enteros
con los dedos mecanografiando torpemente
tu piel.
Un poema decía:
Eres la niña lunar,
tan maravillosa que es imposible
que seas humana,
tan increíble
que seguro que viniste de lejos
de otro planeta
de otra galaxia
de tu propio satélite
un astro entero para ti sola,
como la principita que eres.
Y te trajiste contigo
pequeños trozos de tu planeta
pegados por el cuerpo
para acordarte de tu tierra,
para que yo juegue los domingos,
mientras aún duermes,
a dibujarte corazones mal hechos
en la espalda,
y pájaros sin alas
en el vientre,
y pirámides egipcias
en el cuello.
Para que te escriba poemas sin tinta
que se desvanecen a cada respiración tuya,
poemas de muerte instantánea
sin trascendencia,
como estos domingos de sol.
Porque viniste de tan lejos,
niña lunar,
solo para hacerme feliz,
para despertarnos juntos
todas las mañanas
quitándonos los legañas
Tú a mí
Y yo a ti.
Todo eso decía uno de los poemas
que escribí por todo tu cuerpo,
hasta que te giraste
y se cayeron por la cama
todas las letras invisibles,
quedando las sábanas llenas de
aes, y erres y jotas
y de eles que se me clavaran esta noche
en la espalda
y también por eso
me acordaré de ti.
Te giraste
y me miraste con los ojos aún medio cerrados,
la sonrisa clara como el día
“me has hecho cosquillas”
“lo siento”
“No importa. De hecho me gusta
despertarme así”
“A mi me gusta despertarme a tu lado,
me da igual como”
“A eso me refería”
Y la niña lunar me coge del cuello
y me besa dulcemente
y me traslada a otro mundo,
a su mundo,
a su luna,
donde los domingos hace sol
y ella y yo
dormimos siempre juntos.
la otra cara de Berlín
Si, claro que viviremos en Berlín.
Yo bailaré desnuda
en viejos clubs de las SS
y tú haraganearas
todas las mañanas con tu nikon al cuello,
haciendo fotos desenfocadas
a las palomas grises
de algún parque.
A la noche
compraremos vino tinto
y panecillos con matequilla
y una lámpara
con la pantalla verde,
y escucharemos en silencio
aquel disco de Edith Piaf
que robaste la tarde que nos conocimos.
Tú subirás mi manga
y yo subiré tu manga
y el pinchazo ligero
será una nueva forma de redención.
Ya sabes,
cuando Caroline habla
las piedras callan
y las guitarras lloran
notas desafinadas;
pero no te preocupes dulce niño
que cuando despiertes
nos iremos a bailar tecno alemán
durante tres días seguidos
hasta que tus botas militares
pidan clemencia.
Vuelta a empezar,
a vender piedrecitas brillantes del muro
a turistas distraídos,
a volver a pasearte por Berlín
con tu bicicleta artrítica,
a escribir odiosos poemas de amor,
a fumar en pipa
y llevar sombrero.
Vuelta al trabajo de ocho horas
en una ferretería,
a las cenas interminables con aquel amigo tuyo
crítico de la berlinale.
yo prefería el vértigo
del piano tristón y decadente,
de los amigos del speed y la chaquetas de cuero.
Pero ya sabes, dulce niño,
la voz de Caroline
cada vez suena más apagada
entre los lloros interminables
de los bebés.
outsiders
…pero los OUTSIDERS son mucho más fascinantes porque son unos acabados de la vida teniendo capacidad para cambiar el mundo, unos incomprendidos cuya mayor seña de identidad es que no les importa serlo. "¿Triunfar, explotar mis habilidades? ¿Para qué?", el éxito no tiene ningún sentido…
Siempre fuimos outsiders,
poetas salvajes y obscenos al principio
dulces yonkis después.
Escribí poesía basura de amor
hasta los 17 años,
luego todo se transformó
en una espiral imposible
mezcla de pop independiente
y cocaína adulterada.
Acumulábamos teléfonos de dealers colombianos
y los quemábamos uno a uno
cualquier domingo por la mañana
“pinche boludo, ¿estás loco?
¿sabés que horas son?”
click.
Otro que colgó.
La política es para los piojosos
para los pobres y los muy ricos,
para los que no saben vestir
y no conocen a Ian Curtis.
La política no es para nosotros,
elegantes jóvenes underground
que vivimos en un pueblo de 3000 habitantes
como si perteneciésemos a la Factoría
de Warhol,
que vemos las iglesias antiquísimas
como rascacielos de la Gran Manzana.
Siempre fuimos farsantes
pero vivíamos la farsa con respeto
creyéndonos cada palabra,
cada nota distorsionada de guitarras
ajenas.
Bellos timadores
siempre al margen,
siempre escondidos en un rincón oscuro
ajenos a las miradas extrañas,
indiferentes al sol de mediodía
temerosos del silencio infinito.
Al final todo acabó.
Volvimos a ser seres útiles
sin ojeras,
dormimos de nuevo sin dificultad a
horas razonables.
Ya no soñamos
o lo hacemos con cosas aburridas
que no merecen ni contarse.
Se acabó el vino portugués
y las setas holandesas
criadas con mimo.
Los outsiders prometimos seguir juntos,
vivir juntos,
evidentemente morir juntos.
Pero todos claudicamos,
uno a uno,
en silencio, no hubo disputas.
