martes, 27 de abril de 2010
niña lunar
Busco con calma,
recreándome en la búsqueda,
las montañas de calcetines de colores
que me dejaste escondidos
en el amasijo de sábanas.
Y busco tu olor
entre las cuatro esquinas enormes
de mi cama,
en el tacto suave de mi almohada
que aún late a tu compas.
Hace nada estabas aquí tumbada
junto a mi,
con la espalda desnuda aún dormida
y los rayos del sol
tatuándote mensajes de luz .
Yo dibujando formas imposibles
uniendo los lunares de tu cuerpo
y escribiéndote poemas enteros
con los dedos mecanografiando torpemente
tu piel.
Un poema decía:
Eres la niña lunar,
tan maravillosa que es imposible
que seas humana,
tan increíble
que seguro que viniste de lejos
de otro planeta
de otra galaxia
de tu propio satélite
un astro entero para ti sola,
como la principita que eres.
Y te trajiste contigo
pequeños trozos de tu planeta
pegados por el cuerpo
para acordarte de tu tierra,
para que yo juegue los domingos,
mientras aún duermes,
a dibujarte corazones mal hechos
en la espalda,
y pájaros sin alas
en el vientre,
y pirámides egipcias
en el cuello.
Para que te escriba poemas sin tinta
que se desvanecen a cada respiración tuya,
poemas de muerte instantánea
sin trascendencia,
como estos domingos de sol.
Porque viniste de tan lejos,
niña lunar,
solo para hacerme feliz,
para despertarnos juntos
todas las mañanas
quitándonos los legañas
Tú a mí
Y yo a ti.
Todo eso decía uno de los poemas
que escribí por todo tu cuerpo,
hasta que te giraste
y se cayeron por la cama
todas las letras invisibles,
quedando las sábanas llenas de
aes, y erres y jotas
y de eles que se me clavaran esta noche
en la espalda
y también por eso
me acordaré de ti.
Te giraste
y me miraste con los ojos aún medio cerrados,
la sonrisa clara como el día
“me has hecho cosquillas”
“lo siento”
“No importa. De hecho me gusta
despertarme así”
“A mi me gusta despertarme a tu lado,
me da igual como”
“A eso me refería”
Y la niña lunar me coge del cuello
y me besa dulcemente
y me traslada a otro mundo,
a su mundo,
a su luna,
donde los domingos hace sol
y ella y yo
dormimos siempre juntos.
la otra cara de Berlín
Si, claro que viviremos en Berlín.
Yo bailaré desnuda
en viejos clubs de las SS
y tú haraganearas
todas las mañanas con tu nikon al cuello,
haciendo fotos desenfocadas
a las palomas grises
de algún parque.
A la noche
compraremos vino tinto
y panecillos con matequilla
y una lámpara
con la pantalla verde,
y escucharemos en silencio
aquel disco de Edith Piaf
que robaste la tarde que nos conocimos.
Tú subirás mi manga
y yo subiré tu manga
y el pinchazo ligero
será una nueva forma de redención.
Ya sabes,
cuando Caroline habla
las piedras callan
y las guitarras lloran
notas desafinadas;
pero no te preocupes dulce niño
que cuando despiertes
nos iremos a bailar tecno alemán
durante tres días seguidos
hasta que tus botas militares
pidan clemencia.
Vuelta a empezar,
a vender piedrecitas brillantes del muro
a turistas distraídos,
a volver a pasearte por Berlín
con tu bicicleta artrítica,
a escribir odiosos poemas de amor,
a fumar en pipa
y llevar sombrero.
Vuelta al trabajo de ocho horas
en una ferretería,
a las cenas interminables con aquel amigo tuyo
crítico de la berlinale.
yo prefería el vértigo
del piano tristón y decadente,
de los amigos del speed y la chaquetas de cuero.
Pero ya sabes, dulce niño,
la voz de Caroline
cada vez suena más apagada
entre los lloros interminables
de los bebés.
outsiders
…pero los OUTSIDERS son mucho más fascinantes porque son unos acabados de la vida teniendo capacidad para cambiar el mundo, unos incomprendidos cuya mayor seña de identidad es que no les importa serlo. "¿Triunfar, explotar mis habilidades? ¿Para qué?", el éxito no tiene ningún sentido…
Siempre fuimos outsiders,
poetas salvajes y obscenos al principio
dulces yonkis después.
Escribí poesía basura de amor
hasta los 17 años,
luego todo se transformó
en una espiral imposible
mezcla de pop independiente
y cocaína adulterada.
Acumulábamos teléfonos de dealers colombianos
y los quemábamos uno a uno
cualquier domingo por la mañana
“pinche boludo, ¿estás loco?
¿sabés que horas son?”
click.
Otro que colgó.
La política es para los piojosos
para los pobres y los muy ricos,
para los que no saben vestir
y no conocen a Ian Curtis.
La política no es para nosotros,
elegantes jóvenes underground
que vivimos en un pueblo de 3000 habitantes
como si perteneciésemos a la Factoría
de Warhol,
que vemos las iglesias antiquísimas
como rascacielos de la Gran Manzana.
Siempre fuimos farsantes
pero vivíamos la farsa con respeto
creyéndonos cada palabra,
cada nota distorsionada de guitarras
ajenas.
Bellos timadores
siempre al margen,
siempre escondidos en un rincón oscuro
ajenos a las miradas extrañas,
indiferentes al sol de mediodía
temerosos del silencio infinito.
Al final todo acabó.
Volvimos a ser seres útiles
sin ojeras,
dormimos de nuevo sin dificultad a
horas razonables.
Ya no soñamos
o lo hacemos con cosas aburridas
que no merecen ni contarse.
Se acabó el vino portugués
y las setas holandesas
criadas con mimo.
Los outsiders prometimos seguir juntos,
vivir juntos,
evidentemente morir juntos.
Pero todos claudicamos,
uno a uno,
en silencio, no hubo disputas.
