miércoles, 18 de marzo de 2009

Adolescencia V

cotidianidades
[historia de Norman]

Norman llegó borracho un sábado, Norman llegó borracho muchos sábados seguidos. aquel sábado había sido el mejor en mucho tiempo. había hablado con algunas chicas, incluso un pezón había rozado inocentemente su brazo (¿inocentemente?) había acabado con unas cuantas botellas de vino, un vino barato pero bastanta aceptable (¿qué vino no es aceptable para un chico de 18 años un sábado con ganas de borrachera?) había habido más chicas aquella noche, vio algunas lenguas muy de cerca y Norman se sentía bien.
aquel sábado también hubo marihuana en un un callejón, también hubo locuras, magnificas locuras. Norman se encontraba entre aquel coche y la luna, volando a dos mil metros de altura.
pero todo lo bueno termina y a Norman le llego la hora de bajar de la luna. le cogieron dos amigos un poco menos borrachos que él, dos amigos con una pizca de lucidez que les dio a entender que algo marchaba mal cuando le encontraron vomitando en el suelo. los tres formaban un cuadro curioso arrastrándose por la calle, unos apoyados sobre los otros gritando incoherencias. llegaron a casa de Norman y abrieron como pudieron. Norman se cayó en el portal y rompió algo que sonó muy valioso. se encendió una luz, se oyeron unos pasos y apareció el padre de Norman. "¿qué me traéis aquí?" gritó, bramó, escupió "es Norman. ha bebido un poco" tartamudeo uno de los dos amigos. "eso no es mi hijo. ese andrajoso borracho no es nada mío. llevaos eso de aquí o llamo a la policía" Norman no se movía en su alfombra del portal. los amigos salieron corriendo y las luces se apagaron, los ruidos se apagaron y Norman durmió en el portal aquella noche.

al día siguiente en casa de Norman hubo lágrimas (de su madre), hubo gritos (de su padre) y hubo más gritos (de Norman). hubo amenazas, insultos y caras largas de los hermanos de Norman. esto es lo peor, pensaba Norman, con un dolor de cabeza de magnitudes imposibles. tenía la boca seca, pero no paraba de gritar. la garganta aprisionada, las cuerdas vocales eran ásperos cabos, pero no se rendía. el fin se olía por allí, se notaba su presencia cerca de ellos. Norman fue a su habitación e hizo una maleta ridícula, en realidad no pensaba en lo que estaba cogiendo, mientras hacia su ridículo equipaje pensaba en otra cosa. oía a su madre llorar y se encogía hasta no ser nada. abrió la puerta y se fue. no se despidió de nadie, no dijo adiós a su madre, ni dejó una nota encima de la cama: todos sabían porque se iba.

todo empezó a derrumbarse en aquella casa en ese momento. también se cayó todo en la vida de Norman, pero el tenía mucho tiempo para construir todo de nuevo y construirlo mucho mejor. nada fue lo mismo para casi nadie. la madre intentaba sonreír casi todo el tiempo, pero sus ojos sólo existían como vidrio; el padre intentaba una calma aparente que siempre le había acompañado, pero era un volcán a punto de explotar; los hermanos habían perdido la voz, eran un susurro, un cuchicheo: eran sombras.

Norman no vivió mal. estuvo en casa de un amigo hasta que encontró un trabajo y ganó algo de dinero. vivía en una pensión, el solo, donde no había nadie abriendo y revolviendo sus cajones. salía por la noche y volvía borracho. podía dormir en el suelo si quería, podía beberse dos litros de agua si tenía resaca. podía fumarse porros enormes antes de dormir y llevarse a la cama putas de enormes tetas. tenía su propio dinero para comprar libros, discos y botellas de vino carísimas para invitar a sus putas de lujo. pero sólo era el trabajador de una fábrica de galletas y en sus sueños de grandeza eso no aparecía por ninguna parte. empezó a escribir canciones y compró una destartalada guitarra de segunda mano. con una voz rota y un puñado de canciones salvajes se presentaba de bar en bar, cosechando botellazos y alguna que otra flor. tocaba a última hora, cuando sólo quedaban parejas de borrachos sobándose en un rincón oscuro. si el dueño del bar había tenido una buena noche le daba un poco de dinero. de vez en cuando iba alguna chica borracha, se sentaba en primera fila y observaba con ojos de borracha el concierto. al terminar, Norman la invitaba a una cerveza y se la llevaba a su vieja pensión. ya no había caras botellas de vino en su habitación, le habían echado de la fábrica porque siempre llegaba tarde. se mantenía a base de cajas de galletas que había robado. tenía galletas de chocolate, de fresa, con agujeros, sin agujeros, de nata, hasta galletas con forma de polla. de vez en cuando salía a la calle a tocar un poco para ganarse unas perras. si había suerte además de ganarse para una botella de vino y una comida decente, también se tiraba a alguna yonki que pasase por allí.

siguió tocando en tugurios del tres al cuarto, recibiendo botellazos y eructos con olor a cerveza rancia. pensaba, algún día llegará mi oportunidad, Norman tu siempre has tenido suerte. pero la suerte de Norman se había acabado y una de las yonkis que se follaba casi a diario le contagió el sida. Norman se asustó un poco cuando se lo dijeron, cogió las cuerdas de la guitarra y se ahorcó con ellas.

fue una muerte muy bonita, muy significativa. las fotos policiales quedaron muy bien: un tipo demacrado colgado de una viga de madera en una sucísima habitación de pensión. debajo de él, una guitarra sin cuerdas. por toda la habitación cientos de paquetes de galletas vacíos, galletas aplastadas, condones usados, botellas de vino terciadas, libros rotos, discos partidos y colillas repartidas por todos los rincones. todo era muy simbólico, y ni siquiera después de un suicidio tan maravilloso sus canciones se consideraron algún tipo de arte, ni a él se le consideró artista. sólo era otro chico drogadicto más.

Adolescencia IV

tempo
[verano]

perros en llamas. es un pensamiento estúpido pero ahora pienso en perros en llamas. una noche pegajosa de julio. las moscas zumban, las moscas cantan su melodía escatológica. dedos afilados y torpes que persiguen moscas en alguna habitación: la casa estival de la desesperación. moscas de colores arco-iris. las moscas se burlan de ti. las moscas están aquí, viven contigo, envejecen junto a ti. noche pegajosa, golosa, inquietante. noche de julio en calma. las sábanas pertenecen a tu cuerpo para toda la noche. desnudísimo: tan patético, tan necesario. una bombilla incandescente alumbra toda la habitación y las moscas siguen su hipnótica luz. alguien estará muriendo en este mismo momento por aquí cerca. el asfalto abrasa y hay perros en llamas dentro de mi cabeza sudorosa. noche incomoda de julio, que se convierte en interminable frente a estos folios. doble o triple realidad: la realidad de las moscas y la realidad de la lámpara. pequeñas hormigas rojas hacen procesión recogiendo algunos restos enmohecidos. moscas simpáticas, manchas de sangre (de moscas masacradas) en la pared blanca.
va a amanecer. las lámparas pasaran de moda una vez más y las moscas crecerán hasta ser gaviotas. el sol, allí está el sol quemando mis folios. nado entre mis restos sudorosos. ojos como jueces en la cabecera de mi cama, y yo sudoroso y muerto. las sábanas son mi piel: descansare eternamente aquí. descansaré eternamente durante todo el calmado y pacífico mes de julio.

[poema I o como ser poeta a los 17 años y no volverte loco]
escucha,
¿no oyes a los grillos?
yo si.

no es que haya nada malo en viajar a México,
pero ya sabes
allí hay serpientes en palacios,
hay cáctus-espías
y coches muy grandes y rojos.

no es que tenga ningún problema con España,
pero aquí los poetas
se caen por la ventana mientras arreglan persianas.
aquí todo está muy descuidado,
no se si me entiendes, hay literatos muy bajo tierra
y la poesía sólo ocupa esquelas en los periódicos.

no me imagino a Cervantes
como premio nobel,
aunque tampoco puedo imaginarme
con una pluma y un tintero.
no creo que Shakespeare
tuviese ningún problema
cuando tenía la pluma en la mano (las dudas...),
estoy seguro.
Shakespeare sabía lo que se esperaba de él,
conocía su inmortalidad de antemano.
todos saben de su inmortalidad antes de tiempo.

escribo breves poemas mundanos
(los otros poemas están reservados
para los inmortales)
escribo mis poemas mientras viajo en coche
(el coche es el mejor lugar para escribir)

escribo fantasías amorosas
como cuentos de navidad
o como flores silvestres.
crecen rosas negras en mi cabeza
y yo escribo poesía
¿no te parece curioso?
nacen pequeños abortos de demonio
dentro de mi
y yo escribo poesía.
¿no te parece curioso?

Adolescencia III

[vistazo]
miro a mi/tu/nuestro alrededor. siento que algo está podrido muy cerca de mi/ti/nosotros.
largas barras de bar llenas de borrachos y una buena chica de 15 años, chupando una barra dorada con las tetas al aire y las bragas llenas de billetes.
putas con sida. gatos con sida. jodidos bosques de abetos con sida.
dulces y pálidos y ansiosos y sentados yonkis en las calles.
frustración en grandes coches descapotables.
la MUERTE y el MIEDO grabado en miradas y en colchones.
grandes salas de espera: prohibido fumar.
chulos con navajas enormes y putas-niñas con miedo.
basura. botellas vacías. resacas insoportables. dolores de cabeza.
es domingo hoy y precisamente hoy el sol ha decidido despertarme. veo un charco de vómito en el suelo y una mancha amarillenta en un rincón. mamá prepara la comida, papá canturrea mientras lava el coche y todo es tan maravilloso como el vómito del suelo o el dolor de cabeza o este jodido rumor de tripas.
palabras que valen muy poco la pena. palabras como "te quiero" o cosas parecidas que siempre son mentira.

algunos buenos momentos entre humo y cerveza.
todavía me/te/nos quedan algunas risas por ahí guardadas (ya se, hace tanto que no te ríes que no recuerdas como se hace, ni como suena, ni como te sientes)
películas de cine negro y/o PELÍCULAS (el cine y salidas de emergencia)
MÚSICA. genios musicales fallecidos y algunos que siguen revoloteando por aquí (Doors, Doors, Doors: piano de iglesia, canciones escritas desde la seguridad que da una vida eterna en el infierno)
botellas de whisky. momentos ilegales en la oscuridad. botellas de vodka. botellas de vino. vino y beber vino; bañarte en vino.
tartas de fresa y arándanos o de lima en un bar de carretera, conversando con una guapa y simpática camarera. la camioneta aparcada fuera rodeada de desierto. tu y la guapa camarera y los cactus que escuchan la conversación y echan otro trago.
tener una pistola en cualquier cajón y tener la libertad para hacer y deshacer tus ideas (ideas esparcidas por el suelo, ideas pegadas a la pared)

ya veo/ves/vemos que todavía quedan algunas buenas cosas . hay por ahí buenos tipos y seguro que existen mujeres que no miren tan de vez en cuando. decido/decides/decidimos continuar un poco más, hasta la próxima esquina. continuo/continuas/continuamos solo por curiosidad, por saber que va a pasar. nada más, solo por curiosidad. ¡y yo/tu/nosotros que me/te/nos creía/creías/creiamos mago/s o loco/s o algo especial! (bendita y milagrosa ingenuidad)

[hojas en blanco & restos de tinta seca]
caballos rubios que corren al amanecer por llanuras y al anochecer por sabanas africanas, perseguidos por salvajes que adoran el sabor de su carne domesticada. caballos que corren hasta algunos suburbios de algunas ciudades en algunos momentos.
( Bukowski gritó, gritó tanto que se quedó ronco y visitó durante cuarenta días y cuarenta noches los tugurios de Nueva Orleans. no tuvo más remedio. se folló a una negrita de cien años que aún tenía las tetas firmes, y al viejo cabrón se le puso dura. estuvo bien, estuvo cojonudamente bien. se sintió joven de nuevo)
veo personas. veo minifaldas y grandes escotes. son oleadas de sentimientos, de sensaciones que se pegan a mi cabeza como sanguijuelas. dulces enredaderas en mi corazón y pálidas lámparas en mis ojos.
(en el paredón con los ojos en las nubes y el corazón en la garganta. veinte tíos te apuntan a los ojos, al pecho, a las pelotas, a los brazos. piensas joder es imposible que fallen todos; y no fallan, nunca fallan. te revientan las pelotas, los ojos explotan y todo dura un instante de plomo frío.)

AUTOPISTAS CELESTES. una vida hecha a base de frases incoherentes que forman en el papel el caos absoluto. miedo, sientes un miedo como a mojar de nuevo los pantalones. allí están todos con sus grandes bigotes, sus pipas carísimas, serios como alfombras. tú, insignificante para ellos, desprovisto de todo rastro de talento. están tan convencidos de tu fracaso que vas a fracasar seguro. entonces todo será empezar de nuevo, olvidarte de papeles y noches en vela: volver por el buen camino, con gente que te da una y mil palmadas en la espalda. (¿quién te mando joderte los pies por caminos pedregosos?)

Adolescencia II

recuerdos enmohecidos
me levante en una extraña cuneta magullado, arañado, semi-muerto. vacío, totalmente vacío de sentimientos. pasé varios días de bar en bar, bebiendo un vino-vinagre tan agrio que destrozo cualquier parte servible de mi cuerpo. mi cabeza como una mesa de ping-pong. la resaca, como un maravilloso recuerdo de chicas desnudas y bourbon corriendo en ríos de placer. todas las rosas murieron alguna vez. todos los veranos terminan. todos los coños envejecen, se arrugan, se cierran. algunos besos, a veces, saben a fin. el bourbon también se termina y las chicas sienten frío, miedo, sueño cuando amanece. el amanecer tiene eso: es la hostia de bonito, pero da miedo y frío y resaca y bocas seca y fin de la música y botellas vacías. nos miramos todos, fijamente, en silencio. nos recordamos tanto a nuestros padres que el suicidio parece la mejor opción. el sol y la resaca provoca estas histerias, esta esquizofrenia. todo volverá a sus cauces de borrachera feliz esta noche.
salí de mi cuneta y caminé hasta llegar a la ciudad de las mil iglesias. sólo encontré un bar. entré y vi una chica. rubia, alta, puta. un buen culo agujereado, ensartado en unos minúsculos pantalones cortos, unas tetas enormes, arrastrando por el suelo. pezones morados imaginaba. le pagué una copa y se vino conmigo en mi destartalado coche azul. recorríamos todos los países. siempre era primavera. siempre llovía. siempre arena, siempre playa, siempre concha, siempre sal. ella dormía muy bien, dormía tan bien que tenías que soñar con ella. ella ya no era puta. ella era un ángel mortal que nunca me dejó ver sus ojos. ella murió en una ciudad sin playa. ella me dejó solo en mi viejo coche azul. ella nunca me dijo su nombre y nunca me enseñó sus ojos. siempre soñé con ella. la inventé mil nombres y mil ojos pero ninguna hacían justicia. ella me dejo en una ciudad sin playa, solo en mi viejo coche azul. ella se vino conmigo por nada y tuvo que morir en una ciudad tan gris que no tenía playa.

vivía en una pequeña casa que era sólo una habitación. tenía televisión, video, comida, bebida y más cosas que aseguraban mi sobrevivir cotidiano. era un obeso agente inmobiliario. tenía un horario y un sueldo fijo y un despacho y secretaria y ordenador y fax y clips y grapadora y papel continuo y una indudable seguridad de que estaba muerto. vivía en una ciudad con semáforos y ruido /humo, bigotes, sombreros, pasos de cebra, faldas muy cortas y salpicones de árboles moribundos: centro /casas bajas, pequeñas y antiguas plazas, delantales, panaderías, tascas, monos de trabajo, niños con mocos: alrededor del centro /tejados de hojalata, no ladrillos, terrones, terraplenes, agujas hipodérmicas, suciedad, hogares oscuros: alrededor de los alrededores del centro /jardines, verjas millonarias, piscinas, tenis, grandes puertas, ostentosos coches azul marino, criados bien vestidos: punto y aparte de todo.
existen veranos y moscas. existen mañanas y lluvia y noviembre, estoy seguro de que existe noviembre. existen perros y pulgas. existen pelos y lavabos. existen todo tipo de cosas absurdas, innecesarias, incoherentes, solitarias, autónomas. yo no existo, ¿por qué yo no puedo existir? quizás sea mejor no existir, ser una sombra que se esconda bajo cualquier piedra. puede que empieza a vivir no existiendo, no lo se.

desesperación
es tan fácil como salir a la calle y mirar a los ojos de la gente. la mayoría son ojos insignificantes de personas insignificantes. ves mujeres tímidas. solas. acartonadas. mujeres cuya acción más emocionante es la compra de los viernes. mujeres que llevan varios años muertas. sin lágrimas. vacías.
ves hombres-fantasma. hombres que no se dejan ver. sombras. rocas. trastos inservibles. hombres que miran con sus grandes ojos tímidos y asustados, que miran desde lo más hondo de sus ojos vacíos. miedo, sientes su miedo.
sales a la calle y hay coches y mierdas de perro y bolsas vacías y vasos rotos y vómitos y pequeñas pesadillas cotidianas en cada esquina.

... y cuando más cerca tenía el sol llegaron las nubes y todo oscureció. mi vida se ensombreció y la botella ya no servía de nada. no había solución, sólo dulces y ligeras alegrías que no tienen nada que ver conmigo (desesperación). el mar puede llegar a ser una muerte muy conveniente.
... y la minúscula barquita de cartón choco contra las inmensas rocas que no se inmutaron. pequeños trozos de cristal, cartón, papel y una madera salvavidas. las olas como pequeños saludos de muerte. no importan ahora los bosques, ni los tejados de hojalata. no importan ahora coches último modelo, ni condones sin usar. ni siquiera importa si el pan está duro o si quedan huevos en la nevera (la fama llega en forma de una pequeña nota heroica en el periódico de la mañana)
... y sonaron trompetas celestiales de bienvenida y entonces supe que todo había terminado. no quise mirar más atrás. quizás ella estuviese allí todavía allí, siempre sonriendo. es tan guapa ella, es tan de arena ella, es tan poco mía. me da miedo poder quererla solo para mi. pero todo eso ya no está. ella sigue hablando con el mismo idiota y me pena que no mire hacia aquí, que no me dedique una última mirada.

[ ¡¿qué coño es todo esto?! - breve historia de amor al final -]
hay paredes a mi alrededor. hay rostro dementes frente a mi. hay rostro insignificantes tras de mi. jugamos a no ver nada. veo perros-lanza. veo perros con la mirada triste, como días de diciembre. espirales de tiempo, cocktail de recuerdos y rostros: han pasado mil siglos desde ayer.
tragedias. pequeñas y continuas y diarias tragedias. sonrisas que dejamos pasar sin darnos cuenta, perdemos continuamente la posibilidad de sonreír. todas las mínimas derrotas que nos van arrastrando a no sonreír más.
la locura como segunda opción ante la muerte. locura o muerte. locura o muerte o sangre. vegetales comestibles. balcones encadenados, como tiernas jaulas de oro. muerte o locura o sangre o cuchillos sin usar. casa en ruinas. asesinos-psicópatas-expanaderos. sangre o muerte o locura o huesos primitivos (historia sangrante o sangrienta). botellas de cerveza vacías y whisky escocés muy caro. borracheras, como la mejor huida posibles. marihuana y no estar seguro de nada. tener miedo de los sentidos (ojos-nariz-boca-oreja-manos: mortales, mentirosos, irónicos). locura o muerte.
días despeinados. ojeras. dientes temblorosos. botones sin abrochar y traiciones metódicas. mujeres frías, lechos muy usados, bonitas putitas de ojos azules. todo a mi alrededor y nada, no controlo nada. se me escapan lamentos y tímidas sonrisas blanquecinas. tengo miedo de túneles oscuros, muy oscuros, tan oscuros que los ojos son estúpidas cuencas vacías en tu cara.

acumulas visitas a ventanillas de información, de impresos en blanco, de impresos rellenos, de dudas, de pagos, de cobros, de mierda. siempre estás en despachos muy bien decorados, muy limpios, muy amarillos. siempre estás tras mesas de caoba, frente a fotos sonrientes y banderitas patrióticas. y detrás de cada ventanilla y de cada mesa está el mismo tipo calvo, con gafas redondas, escuálido, sin una facción recordable; tras esas ventanillas está la misma zorra gorda que te hace la vida imposible y fuma un cigarrillo tras otro. pero entonces ocurre el milagro y tras una mesa de despacho está el ser más adorable del mundo. con su escasa falda, sus piernas interminable. un cuerpo dispuesto a provocar sueños y cuchicheos en el autobús. no anda, baila despacio, lentos movimientos hipnóticos. y entonces decides que la vida no es tan mala como pensabas, y entonces descubres que los ángeles existen.

Adolescencia

*nota: los siguientes textos fue lo primero que escribí, con unos 16 o 17 años, más o menos. Es una locura que, en su mayoría, no tiene ningún sentido (o al menos yo no se lo encuentro ahora) He de decir, en mi descargo, que por aquella época estaba muy enganchado a toda aquella movida de los 60 y 70 (incluso a los 50, con el rollo Beatnick) y leía en muchos sitios aquello de la escritura automática (recuerdo haber leido que el libro aquel de Bob Dylan, "Tarántula", había sido escrito así) Así que ahí me lancé yo. Cogía folios en blanco mientras me intentaban enseñar geografía o latín o los límites y escribía con la mente en blanco (al menos así lo recuerdo yo ahora)

escribir es la forma más limpia de vomitar.

sueños
[sueños voluminosos]
despierto en mi cama, sudoroso. me levanto despacio de la cama y camino por el pasillo de tablas quebradizas de mi mente. las tablas tiemblan, crujen, lanzan miradas odiosas a mis pies. avanzo por las estancias tapizadas de mi vieja mansión irlandesa, traspaso la miserable barrera que imponen mis cálculos erróneos, atravieso la dulce madera de la puerta que está antes que ella.
veo a la muchacha de los párpados de cera, de los únicos ojos que no se pueden describir. sonrío. me sonríe. su culo delante mío, a la altura de mis pensamientos más húmedos. la abrazo, por fin la abrazo. la tengo entre mis brazos y su cuello cedería con facilidad. lo se. estoy seguro. se aprietan sus pezones de acero contra mi pecho quijotesco. se que no piensa en mi cuando endurecen sus pechos. se que hay botas que no son de vaquero. se aprieta más fuerte, mirando al infinito, sus pezones atravesando mi corazón.
sigo adelante de un empujón (¿o no?) se que ella no es mía y que podría ser ella ahora mismo. me doy la vuelta y allí está aún con unos ojos rojo amanecer diciéndome adiós: las manos agujereadas por clavos. desde aquí aún siento su caliente coño humedecido entre mis dedos. se que esa humedad se la producen botas que no son de vaquero y ojos perdidos en cualquier funeral.
la luna corriendo por toda la casa de papel que cree ayer en un arrebato glorioso del dios de la vida inerte. 10.000 botellas de whisky de 12 años de reserva en mi cocina-comedor-baño-dormitorio-patio. el contrabando no es mi oficio, es un hobby. es mejor que el bricolaje o meter putos barcos en putas botellas vacías. el contrabando no es delito, la marihuana no es una droga, la vida tiene sentido y todo va a continuar. helicópteros, sirenas, megáfonos, jodidos action-man de carne y hueso vestidos de azul-maricón. salgo por la puerta de mi casa. han desaparecido estancias tapizadas y pasillos de tablas angostos. levanto las manos, me rindo y disparan. mis ojos; mi frente agujereada, sangrando en largos ríos negros de muerte. la valentía del poder: disparar a un tipo gordo y borracho y desarmado y loco y muerto, principalmente muerto. ya soy un número más de la oficina del forense, ya soy un suceso más del periódico. que lejos quedaron los buenos tiempos de tipo elegante con apellido italiano recorriendo callejones y ajustando cuentas.

me levanto lentamente o rápidamente o nunca me levanto. una selva de semáforos encendidos y chillones y caóticos. catedrales góticas en obras [atención: peligro por desprendimiento de cruces] pequeñas iglesuchas ruinosas con tarjeta de crédito para los donativos [amén] curas con la sotana remangada y feligresas dispuestas a todo por ganar el cielo eterno [amén] ruinas eclesiásticas, pérdidas de fe en grandes oleadas de paganismo [amén] simpáticos y obesos obispos que adoran a los niños muy niños con un culo pequeño y prietecito [amén]
yo no he muerto. yo estoy viendo mi pequeña televisión portátil en una caravana robada. yo estoy seguro de que no he muerto. estoy seguro de que ayer estuve en un burdel cochambroso, follando en un colchón cochambroso, con una puta cochambrosa, con una puta bombilla maravillosamente potente que me dilato las pupilas y la polla y la seguridad de que estoy vivo. estoy seguro de que ayer visite a mis ancianos padres a un maravilloso asilo cinco estrellas. estoy seguro de que el olor de aquel sitio, el aspecto de aquellas cenizas de vida despertó el instinto asesino de mis botas de piel.
el desierto no es un buen lugar para casi nada y el sol suele dar bastante miedo. un oasis es prácticamente igual al verde de tus ojos, y tus ojos producen la misma angustiosa alegría. son un espejismo tus ojos, o los oasis, o toda mi vida es un espejismo. fui al desierto a reprimir instintos y a masturbarme bajo el sol. fui al desierto a acabar mi vida de una forma razonablemente loca, dentro de los estrechos márgenes que separan razón-mi vida-locura. fui al desierto a conocer la arena en toda su dimensión. fui al desierto a olvidarme de periódicos, a olvidar alguna mala película francesa. fui al desierto a no probar el agua. fui al desierto para morir de sed por cuarta o quinta vez consecutiva. fui al desierto a olvidarme de ella.

viví durante días comiendo dulces y malnutrientes hamburguesas sin carne. pasaba los días sentado en los distintos sillones que iba recogiendo de vertedero en vertedero. dormía en colchones mugrientos, rodeado de pequeños seres vivos muy escandalosos y de parásitos con el suficiente tamaño como para mantener con ellos largas conversaciones filosóficas. fueron grandes-momentos-felices. fueron momentos de aprendizaje, en los mundos más subterráneos de mi subconsciente. era feliz en mi pequeño mundo irreal y maravilloso.
más tarde llegaron las visitas a psiquiatras y psicólogos: doctorados, estudiosos, eruditos y creadores de la locura como forma de vida. fueron los días de mi dolorosa caída a los reinos de la realidad, los días de mi psicosis. fueron los días de los psicofármacos (véase todo tipo de drogas suministradas por camellos-farmaceuticos y recetados por médicos-mafiosos) psicofármacos como remedio a mi inevitable futuro como persona integrada en nuestra maravillosa civilización de fin de siglo. todo terminó como suelen terminar estas cosas: un nuevo caso de locura crónica. duchas frías, batas blancas y habitaciones acolchadas.

despierto al fin, harto de soñar tanta ilusión idiota. salgo de casa. es de noche y eso me gusta. recorro los bares, llenos de amantes del fin de semana. bailo, con chicas, con chicos, con mucha bebida adulterada. busco un modo de ir más allá, algún modo de ser el héroe del lunes. soy un borracho que no sabe andar, que ve todo en espiral. soy un chico de 16 años que coge lápices o bolígrafos usados y escribe perfectas y bonitas y adornadas jilipolleces de primavera. soy un chico que a veces se cree un genio; hablo y todos los demás tienen la seguridad de que no soy más que un borracho, un triste borracho. sólo doy pena o repugnancia o indiferencia. camino lentamente. solo. una botella me acompaña, una botella semivacía: la mirada del perdedor, de quien perdió todo por unos ojos. paso de ser un buen chico universitario a ser un vagabundo loco y borracho (metamorfosis nocturna): jugando a ser escritor. veo esos ojos verde-imposible. me miran asustados y maravillosos y tan cerca que podría cogerlos con la mano. la poesía sale en forma de prosa incoherente, en forma de largos sueños de marfil, espuma, sal y todas las ramas del mundo. la poesía es lo único que cuenta en todo esto. leo libros de genios tan lejanos a mi que creo que nunca más volveré a asomar la cabeza por la ventana. estudio filósofos tan incompetentes, tan drogados de su propia inteligencia, tan ensimismados en su "genialidad" que necesitan todo el jodido diccionario para decir buenos días. todo apesta a mi alrededor hasta que aparece ella y sus ojos, tan dulce, tan pequeña, sonrisa incansable. eternamente feliz, niña, serás eternamente feliz. sólo quiero verte reír unas cuantas veces más para poder dormir tranquilo. no te asustan mis ojos de borracho, ni mis manos temblorosas. no te asusta la devoción que siento por ti. solamente sonríes y miras a tu alrededor. es genial, es cojonudo, es maravilloso que estés aquí cantándome canciones de cuna. dame un beso y dormiré para siempre pensando en el verde imposible de tus ojos.

[sueños de cristal]
tubos fluorescentes en el techo. están allí, me miran, me vigilan. casas de cartón en las mesas, francotiradores en los tejados. pasa la comitiva, con banderitas al aire, con saludos de subnormal, con coches descapotables. pasa la comitiva entre casas de cartón.
me escapo, libre, de todas las jaulas didácticas. vuelo a mundos invisibles donde estamos de la mano. el cielo está tan blanco que lo más probable es que nos caiga encima. playas de mar. tristes gaviotas que nos llaman, graznidos de cuervos salvajes nos recuerdan que aún seguimos aquí, aunque los buitres se empeñen en lo contrario. observo cables que comunican ilusiones con chimeneas. observo árboles desnudos. observo campos de maíz arrasados. todo cobra demasiada importancia en mi cabeza.

veo gatos en armarios y no tiene sentido pero veo gatos en armarios. se que los manicomios no son lugares sanos y que las cárceles son sitios bastante fríos. pero yo veo gatos en armarios y no creo que eso este demasiado bien. no creo que mi perfecto vecino vea gatos en el armario ni pequeñas cagaditas de oveja en su desayuno.
veo malas películas danesas y me acuerdo de Hamlet, de traiciones, de algo podrido en el seno de la corona. lo gatos arañan los armarios pero parece que me arañen a mi y mi perfecto vecino llamará de nuevo a la policía para protestar por mis alaridos. luego saldrá sonriendo, dejará la basura en el cubo, se pondrá sus zapatillas de felpa y abrirá el periódico por la sección de economía. fumando su pipa , pensando en lo perfecto que es, abusando del teléfono cuando llega a la sección de contactos. al otro lado de la pared estaré yo, llorando mi locura sobre la alfombra, llena de quemaduras y chorreando cerveza. en la televisión, el himno; en mis armarios, gatos. manicomios a la derecha, pórticos a la izquierda, grandes ventanales con viejas de monóculo acariciando gatos pardos en todas las direcciones
salgo a pasear y no estaría mal matar a mi vecino o quemar mis armarios llenos de gatos. la calle huele a podrido, está rebosante de gente sudorosa y estresada. gente que mira constantemente sus relojes, que no presta ninguna atención a mi paseo demente. no se si debería seguir con está mala comedia, la farsa debería terminar ya: volver a mi casa, sentarme en mi silla y escribir un poco sobre chicas guapas o sobre alguna buena borrachera del pasado. eso estaría bien, eso me ayudaría, eso de alguna manera me devolvería un poco a la realidad, caería de nuevo en la tela de araña de lo cotidiano. quizás eso sería lo mejor pero dejémoslo para mañana (o para nunca).
TERCER DÍA. enterrado bajo mil mantas. me falta el aire y mis labios son duras piedras agrietadas. resucitaré, creo que hoy resucitaré (oigo pasos. risas. oraciones-cuchicheo. oigo besos. más risas. canciones. más besos) tengo miedo; pavor, autentico pavor a levantarme. quito una a una las mantas. el sol me golpea, me insulta, me aplasta. es maravilloso oír cantar a los pájaros en poemas optimistas, es maravilloso estar enamorado en primavera y pringarte los dedos con poemas olorosos. es cojonudo levantarte y que esté lloviendo. sábado. octubre. llueve: ¿qué hago, me suicido o escribo un poema sobre la lluvia? y así empiezan las cosas o así terminan (según la elección)