*nota: los siguientes textos fue lo primero que escribí, con unos 16 o 17 años, más o menos. Es una locura que, en su mayoría, no tiene ningún sentido (o al menos yo no se lo encuentro ahora) He de decir, en mi descargo, que por aquella época estaba muy enganchado a toda aquella movida de los 60 y 70 (incluso a los 50, con el rollo Beatnick) y leía en muchos sitios aquello de la escritura automática (recuerdo haber leido que el libro aquel de Bob Dylan, "Tarántula", había sido escrito así) Así que ahí me lancé yo. Cogía folios en blanco mientras me intentaban enseñar geografía o latín o los límites y escribía con la mente en blanco (al menos así lo recuerdo yo ahora)
escribir es la forma más limpia de vomitar.
sueños
[sueños voluminosos]
despierto en mi cama, sudoroso. me levanto despacio de la cama y camino por el pasillo de tablas quebradizas de mi mente. las tablas tiemblan, crujen, lanzan miradas odiosas a mis pies. avanzo por las estancias tapizadas de mi vieja mansión irlandesa, traspaso la miserable barrera que imponen mis cálculos erróneos, atravieso la dulce madera de la puerta que está antes que ella.
veo a la muchacha de los párpados de cera, de los únicos ojos que no se pueden describir. sonrío. me sonríe. su culo delante mío, a la altura de mis pensamientos más húmedos. la abrazo, por fin la abrazo. la tengo entre mis brazos y su cuello cedería con facilidad. lo se. estoy seguro. se aprietan sus pezones de acero contra mi pecho quijotesco. se que no piensa en mi cuando endurecen sus pechos. se que hay botas que no son de vaquero. se aprieta más fuerte, mirando al infinito, sus pezones atravesando mi corazón.
sigo adelante de un empujón (¿o no?) se que ella no es mía y que podría ser ella ahora mismo. me doy la vuelta y allí está aún con unos ojos rojo amanecer diciéndome adiós: las manos agujereadas por clavos. desde aquí aún siento su caliente coño humedecido entre mis dedos. se que esa humedad se la producen botas que no son de vaquero y ojos perdidos en cualquier funeral.
la luna corriendo por toda la casa de papel que cree ayer en un arrebato glorioso del dios de la vida inerte. 10.000 botellas de whisky de 12 años de reserva en mi cocina-comedor-baño-dormitorio-patio. el contrabando no es mi oficio, es un hobby. es mejor que el bricolaje o meter putos barcos en putas botellas vacías. el contrabando no es delito, la marihuana no es una droga, la vida tiene sentido y todo va a continuar. helicópteros, sirenas, megáfonos, jodidos action-man de carne y hueso vestidos de azul-maricón. salgo por la puerta de mi casa. han desaparecido estancias tapizadas y pasillos de tablas angostos. levanto las manos, me rindo y disparan. mis ojos; mi frente agujereada, sangrando en largos ríos negros de muerte. la valentía del poder: disparar a un tipo gordo y borracho y desarmado y loco y muerto, principalmente muerto. ya soy un número más de la oficina del forense, ya soy un suceso más del periódico. que lejos quedaron los buenos tiempos de tipo elegante con apellido italiano recorriendo callejones y ajustando cuentas.
me levanto lentamente o rápidamente o nunca me levanto. una selva de semáforos encendidos y chillones y caóticos. catedrales góticas en obras [atención: peligro por desprendimiento de cruces] pequeñas iglesuchas ruinosas con tarjeta de crédito para los donativos [amén] curas con la sotana remangada y feligresas dispuestas a todo por ganar el cielo eterno [amén] ruinas eclesiásticas, pérdidas de fe en grandes oleadas de paganismo [amén] simpáticos y obesos obispos que adoran a los niños muy niños con un culo pequeño y prietecito [amén]
yo no he muerto. yo estoy viendo mi pequeña televisión portátil en una caravana robada. yo estoy seguro de que no he muerto. estoy seguro de que ayer estuve en un burdel cochambroso, follando en un colchón cochambroso, con una puta cochambrosa, con una puta bombilla maravillosamente potente que me dilato las pupilas y la polla y la seguridad de que estoy vivo. estoy seguro de que ayer visite a mis ancianos padres a un maravilloso asilo cinco estrellas. estoy seguro de que el olor de aquel sitio, el aspecto de aquellas cenizas de vida despertó el instinto asesino de mis botas de piel.
el desierto no es un buen lugar para casi nada y el sol suele dar bastante miedo. un oasis es prácticamente igual al verde de tus ojos, y tus ojos producen la misma angustiosa alegría. son un espejismo tus ojos, o los oasis, o toda mi vida es un espejismo. fui al desierto a reprimir instintos y a masturbarme bajo el sol. fui al desierto a acabar mi vida de una forma razonablemente loca, dentro de los estrechos márgenes que separan razón-mi vida-locura. fui al desierto a conocer la arena en toda su dimensión. fui al desierto a olvidarme de periódicos, a olvidar alguna mala película francesa. fui al desierto a no probar el agua. fui al desierto para morir de sed por cuarta o quinta vez consecutiva. fui al desierto a olvidarme de ella.
viví durante días comiendo dulces y malnutrientes hamburguesas sin carne. pasaba los días sentado en los distintos sillones que iba recogiendo de vertedero en vertedero. dormía en colchones mugrientos, rodeado de pequeños seres vivos muy escandalosos y de parásitos con el suficiente tamaño como para mantener con ellos largas conversaciones filosóficas. fueron grandes-momentos-felices. fueron momentos de aprendizaje, en los mundos más subterráneos de mi subconsciente. era feliz en mi pequeño mundo irreal y maravilloso.
más tarde llegaron las visitas a psiquiatras y psicólogos: doctorados, estudiosos, eruditos y creadores de la locura como forma de vida. fueron los días de mi dolorosa caída a los reinos de la realidad, los días de mi psicosis. fueron los días de los psicofármacos (véase todo tipo de drogas suministradas por camellos-farmaceuticos y recetados por médicos-mafiosos) psicofármacos como remedio a mi inevitable futuro como persona integrada en nuestra maravillosa civilización de fin de siglo. todo terminó como suelen terminar estas cosas: un nuevo caso de locura crónica. duchas frías, batas blancas y habitaciones acolchadas.
despierto al fin, harto de soñar tanta ilusión idiota. salgo de casa. es de noche y eso me gusta. recorro los bares, llenos de amantes del fin de semana. bailo, con chicas, con chicos, con mucha bebida adulterada. busco un modo de ir más allá, algún modo de ser el héroe del lunes. soy un borracho que no sabe andar, que ve todo en espiral. soy un chico de 16 años que coge lápices o bolígrafos usados y escribe perfectas y bonitas y adornadas jilipolleces de primavera. soy un chico que a veces se cree un genio; hablo y todos los demás tienen la seguridad de que no soy más que un borracho, un triste borracho. sólo doy pena o repugnancia o indiferencia. camino lentamente. solo. una botella me acompaña, una botella semivacía: la mirada del perdedor, de quien perdió todo por unos ojos. paso de ser un buen chico universitario a ser un vagabundo loco y borracho (metamorfosis nocturna): jugando a ser escritor. veo esos ojos verde-imposible. me miran asustados y maravillosos y tan cerca que podría cogerlos con la mano. la poesía sale en forma de prosa incoherente, en forma de largos sueños de marfil, espuma, sal y todas las ramas del mundo. la poesía es lo único que cuenta en todo esto. leo libros de genios tan lejanos a mi que creo que nunca más volveré a asomar la cabeza por la ventana. estudio filósofos tan incompetentes, tan drogados de su propia inteligencia, tan ensimismados en su "genialidad" que necesitan todo el jodido diccionario para decir buenos días. todo apesta a mi alrededor hasta que aparece ella y sus ojos, tan dulce, tan pequeña, sonrisa incansable. eternamente feliz, niña, serás eternamente feliz. sólo quiero verte reír unas cuantas veces más para poder dormir tranquilo. no te asustan mis ojos de borracho, ni mis manos temblorosas. no te asusta la devoción que siento por ti. solamente sonríes y miras a tu alrededor. es genial, es cojonudo, es maravilloso que estés aquí cantándome canciones de cuna. dame un beso y dormiré para siempre pensando en el verde imposible de tus ojos.
[sueños de cristal]
tubos fluorescentes en el techo. están allí, me miran, me vigilan. casas de cartón en las mesas, francotiradores en los tejados. pasa la comitiva, con banderitas al aire, con saludos de subnormal, con coches descapotables. pasa la comitiva entre casas de cartón.
me escapo, libre, de todas las jaulas didácticas. vuelo a mundos invisibles donde estamos de la mano. el cielo está tan blanco que lo más probable es que nos caiga encima. playas de mar. tristes gaviotas que nos llaman, graznidos de cuervos salvajes nos recuerdan que aún seguimos aquí, aunque los buitres se empeñen en lo contrario. observo cables que comunican ilusiones con chimeneas. observo árboles desnudos. observo campos de maíz arrasados. todo cobra demasiada importancia en mi cabeza.
veo gatos en armarios y no tiene sentido pero veo gatos en armarios. se que los manicomios no son lugares sanos y que las cárceles son sitios bastante fríos. pero yo veo gatos en armarios y no creo que eso este demasiado bien. no creo que mi perfecto vecino vea gatos en el armario ni pequeñas cagaditas de oveja en su desayuno.
veo malas películas danesas y me acuerdo de Hamlet, de traiciones, de algo podrido en el seno de la corona. lo gatos arañan los armarios pero parece que me arañen a mi y mi perfecto vecino llamará de nuevo a la policía para protestar por mis alaridos. luego saldrá sonriendo, dejará la basura en el cubo, se pondrá sus zapatillas de felpa y abrirá el periódico por la sección de economía. fumando su pipa , pensando en lo perfecto que es, abusando del teléfono cuando llega a la sección de contactos. al otro lado de la pared estaré yo, llorando mi locura sobre la alfombra, llena de quemaduras y chorreando cerveza. en la televisión, el himno; en mis armarios, gatos. manicomios a la derecha, pórticos a la izquierda, grandes ventanales con viejas de monóculo acariciando gatos pardos en todas las direcciones
salgo a pasear y no estaría mal matar a mi vecino o quemar mis armarios llenos de gatos. la calle huele a podrido, está rebosante de gente sudorosa y estresada. gente que mira constantemente sus relojes, que no presta ninguna atención a mi paseo demente. no se si debería seguir con está mala comedia, la farsa debería terminar ya: volver a mi casa, sentarme en mi silla y escribir un poco sobre chicas guapas o sobre alguna buena borrachera del pasado. eso estaría bien, eso me ayudaría, eso de alguna manera me devolvería un poco a la realidad, caería de nuevo en la tela de araña de lo cotidiano. quizás eso sería lo mejor pero dejémoslo para mañana (o para nunca).
TERCER DÍA. enterrado bajo mil mantas. me falta el aire y mis labios son duras piedras agrietadas. resucitaré, creo que hoy resucitaré (oigo pasos. risas. oraciones-cuchicheo. oigo besos. más risas. canciones. más besos) tengo miedo; pavor, autentico pavor a levantarme. quito una a una las mantas. el sol me golpea, me insulta, me aplasta. es maravilloso oír cantar a los pájaros en poemas optimistas, es maravilloso estar enamorado en primavera y pringarte los dedos con poemas olorosos. es cojonudo levantarte y que esté lloviendo. sábado. octubre. llueve: ¿qué hago, me suicido o escribo un poema sobre la lluvia? y así empiezan las cosas o así terminan (según la elección)
escribir es la forma más limpia de vomitar.
sueños
[sueños voluminosos]
despierto en mi cama, sudoroso. me levanto despacio de la cama y camino por el pasillo de tablas quebradizas de mi mente. las tablas tiemblan, crujen, lanzan miradas odiosas a mis pies. avanzo por las estancias tapizadas de mi vieja mansión irlandesa, traspaso la miserable barrera que imponen mis cálculos erróneos, atravieso la dulce madera de la puerta que está antes que ella.
veo a la muchacha de los párpados de cera, de los únicos ojos que no se pueden describir. sonrío. me sonríe. su culo delante mío, a la altura de mis pensamientos más húmedos. la abrazo, por fin la abrazo. la tengo entre mis brazos y su cuello cedería con facilidad. lo se. estoy seguro. se aprietan sus pezones de acero contra mi pecho quijotesco. se que no piensa en mi cuando endurecen sus pechos. se que hay botas que no son de vaquero. se aprieta más fuerte, mirando al infinito, sus pezones atravesando mi corazón.
sigo adelante de un empujón (¿o no?) se que ella no es mía y que podría ser ella ahora mismo. me doy la vuelta y allí está aún con unos ojos rojo amanecer diciéndome adiós: las manos agujereadas por clavos. desde aquí aún siento su caliente coño humedecido entre mis dedos. se que esa humedad se la producen botas que no son de vaquero y ojos perdidos en cualquier funeral.
la luna corriendo por toda la casa de papel que cree ayer en un arrebato glorioso del dios de la vida inerte. 10.000 botellas de whisky de 12 años de reserva en mi cocina-comedor-baño-dormitorio-patio. el contrabando no es mi oficio, es un hobby. es mejor que el bricolaje o meter putos barcos en putas botellas vacías. el contrabando no es delito, la marihuana no es una droga, la vida tiene sentido y todo va a continuar. helicópteros, sirenas, megáfonos, jodidos action-man de carne y hueso vestidos de azul-maricón. salgo por la puerta de mi casa. han desaparecido estancias tapizadas y pasillos de tablas angostos. levanto las manos, me rindo y disparan. mis ojos; mi frente agujereada, sangrando en largos ríos negros de muerte. la valentía del poder: disparar a un tipo gordo y borracho y desarmado y loco y muerto, principalmente muerto. ya soy un número más de la oficina del forense, ya soy un suceso más del periódico. que lejos quedaron los buenos tiempos de tipo elegante con apellido italiano recorriendo callejones y ajustando cuentas.
me levanto lentamente o rápidamente o nunca me levanto. una selva de semáforos encendidos y chillones y caóticos. catedrales góticas en obras [atención: peligro por desprendimiento de cruces] pequeñas iglesuchas ruinosas con tarjeta de crédito para los donativos [amén] curas con la sotana remangada y feligresas dispuestas a todo por ganar el cielo eterno [amén] ruinas eclesiásticas, pérdidas de fe en grandes oleadas de paganismo [amén] simpáticos y obesos obispos que adoran a los niños muy niños con un culo pequeño y prietecito [amén]
yo no he muerto. yo estoy viendo mi pequeña televisión portátil en una caravana robada. yo estoy seguro de que no he muerto. estoy seguro de que ayer estuve en un burdel cochambroso, follando en un colchón cochambroso, con una puta cochambrosa, con una puta bombilla maravillosamente potente que me dilato las pupilas y la polla y la seguridad de que estoy vivo. estoy seguro de que ayer visite a mis ancianos padres a un maravilloso asilo cinco estrellas. estoy seguro de que el olor de aquel sitio, el aspecto de aquellas cenizas de vida despertó el instinto asesino de mis botas de piel.
el desierto no es un buen lugar para casi nada y el sol suele dar bastante miedo. un oasis es prácticamente igual al verde de tus ojos, y tus ojos producen la misma angustiosa alegría. son un espejismo tus ojos, o los oasis, o toda mi vida es un espejismo. fui al desierto a reprimir instintos y a masturbarme bajo el sol. fui al desierto a acabar mi vida de una forma razonablemente loca, dentro de los estrechos márgenes que separan razón-mi vida-locura. fui al desierto a conocer la arena en toda su dimensión. fui al desierto a olvidarme de periódicos, a olvidar alguna mala película francesa. fui al desierto a no probar el agua. fui al desierto para morir de sed por cuarta o quinta vez consecutiva. fui al desierto a olvidarme de ella.
viví durante días comiendo dulces y malnutrientes hamburguesas sin carne. pasaba los días sentado en los distintos sillones que iba recogiendo de vertedero en vertedero. dormía en colchones mugrientos, rodeado de pequeños seres vivos muy escandalosos y de parásitos con el suficiente tamaño como para mantener con ellos largas conversaciones filosóficas. fueron grandes-momentos-felices. fueron momentos de aprendizaje, en los mundos más subterráneos de mi subconsciente. era feliz en mi pequeño mundo irreal y maravilloso.
más tarde llegaron las visitas a psiquiatras y psicólogos: doctorados, estudiosos, eruditos y creadores de la locura como forma de vida. fueron los días de mi dolorosa caída a los reinos de la realidad, los días de mi psicosis. fueron los días de los psicofármacos (véase todo tipo de drogas suministradas por camellos-farmaceuticos y recetados por médicos-mafiosos) psicofármacos como remedio a mi inevitable futuro como persona integrada en nuestra maravillosa civilización de fin de siglo. todo terminó como suelen terminar estas cosas: un nuevo caso de locura crónica. duchas frías, batas blancas y habitaciones acolchadas.
despierto al fin, harto de soñar tanta ilusión idiota. salgo de casa. es de noche y eso me gusta. recorro los bares, llenos de amantes del fin de semana. bailo, con chicas, con chicos, con mucha bebida adulterada. busco un modo de ir más allá, algún modo de ser el héroe del lunes. soy un borracho que no sabe andar, que ve todo en espiral. soy un chico de 16 años que coge lápices o bolígrafos usados y escribe perfectas y bonitas y adornadas jilipolleces de primavera. soy un chico que a veces se cree un genio; hablo y todos los demás tienen la seguridad de que no soy más que un borracho, un triste borracho. sólo doy pena o repugnancia o indiferencia. camino lentamente. solo. una botella me acompaña, una botella semivacía: la mirada del perdedor, de quien perdió todo por unos ojos. paso de ser un buen chico universitario a ser un vagabundo loco y borracho (metamorfosis nocturna): jugando a ser escritor. veo esos ojos verde-imposible. me miran asustados y maravillosos y tan cerca que podría cogerlos con la mano. la poesía sale en forma de prosa incoherente, en forma de largos sueños de marfil, espuma, sal y todas las ramas del mundo. la poesía es lo único que cuenta en todo esto. leo libros de genios tan lejanos a mi que creo que nunca más volveré a asomar la cabeza por la ventana. estudio filósofos tan incompetentes, tan drogados de su propia inteligencia, tan ensimismados en su "genialidad" que necesitan todo el jodido diccionario para decir buenos días. todo apesta a mi alrededor hasta que aparece ella y sus ojos, tan dulce, tan pequeña, sonrisa incansable. eternamente feliz, niña, serás eternamente feliz. sólo quiero verte reír unas cuantas veces más para poder dormir tranquilo. no te asustan mis ojos de borracho, ni mis manos temblorosas. no te asusta la devoción que siento por ti. solamente sonríes y miras a tu alrededor. es genial, es cojonudo, es maravilloso que estés aquí cantándome canciones de cuna. dame un beso y dormiré para siempre pensando en el verde imposible de tus ojos.
[sueños de cristal]
tubos fluorescentes en el techo. están allí, me miran, me vigilan. casas de cartón en las mesas, francotiradores en los tejados. pasa la comitiva, con banderitas al aire, con saludos de subnormal, con coches descapotables. pasa la comitiva entre casas de cartón.
me escapo, libre, de todas las jaulas didácticas. vuelo a mundos invisibles donde estamos de la mano. el cielo está tan blanco que lo más probable es que nos caiga encima. playas de mar. tristes gaviotas que nos llaman, graznidos de cuervos salvajes nos recuerdan que aún seguimos aquí, aunque los buitres se empeñen en lo contrario. observo cables que comunican ilusiones con chimeneas. observo árboles desnudos. observo campos de maíz arrasados. todo cobra demasiada importancia en mi cabeza.
veo gatos en armarios y no tiene sentido pero veo gatos en armarios. se que los manicomios no son lugares sanos y que las cárceles son sitios bastante fríos. pero yo veo gatos en armarios y no creo que eso este demasiado bien. no creo que mi perfecto vecino vea gatos en el armario ni pequeñas cagaditas de oveja en su desayuno.
veo malas películas danesas y me acuerdo de Hamlet, de traiciones, de algo podrido en el seno de la corona. lo gatos arañan los armarios pero parece que me arañen a mi y mi perfecto vecino llamará de nuevo a la policía para protestar por mis alaridos. luego saldrá sonriendo, dejará la basura en el cubo, se pondrá sus zapatillas de felpa y abrirá el periódico por la sección de economía. fumando su pipa , pensando en lo perfecto que es, abusando del teléfono cuando llega a la sección de contactos. al otro lado de la pared estaré yo, llorando mi locura sobre la alfombra, llena de quemaduras y chorreando cerveza. en la televisión, el himno; en mis armarios, gatos. manicomios a la derecha, pórticos a la izquierda, grandes ventanales con viejas de monóculo acariciando gatos pardos en todas las direcciones
salgo a pasear y no estaría mal matar a mi vecino o quemar mis armarios llenos de gatos. la calle huele a podrido, está rebosante de gente sudorosa y estresada. gente que mira constantemente sus relojes, que no presta ninguna atención a mi paseo demente. no se si debería seguir con está mala comedia, la farsa debería terminar ya: volver a mi casa, sentarme en mi silla y escribir un poco sobre chicas guapas o sobre alguna buena borrachera del pasado. eso estaría bien, eso me ayudaría, eso de alguna manera me devolvería un poco a la realidad, caería de nuevo en la tela de araña de lo cotidiano. quizás eso sería lo mejor pero dejémoslo para mañana (o para nunca).
TERCER DÍA. enterrado bajo mil mantas. me falta el aire y mis labios son duras piedras agrietadas. resucitaré, creo que hoy resucitaré (oigo pasos. risas. oraciones-cuchicheo. oigo besos. más risas. canciones. más besos) tengo miedo; pavor, autentico pavor a levantarme. quito una a una las mantas. el sol me golpea, me insulta, me aplasta. es maravilloso oír cantar a los pájaros en poemas optimistas, es maravilloso estar enamorado en primavera y pringarte los dedos con poemas olorosos. es cojonudo levantarte y que esté lloviendo. sábado. octubre. llueve: ¿qué hago, me suicido o escribo un poema sobre la lluvia? y así empiezan las cosas o así terminan (según la elección)

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