recuerdos enmohecidos
me levante en una extraña cuneta magullado, arañado, semi-muerto. vacío, totalmente vacío de sentimientos. pasé varios días de bar en bar, bebiendo un vino-vinagre tan agrio que destrozo cualquier parte servible de mi cuerpo. mi cabeza como una mesa de ping-pong. la resaca, como un maravilloso recuerdo de chicas desnudas y bourbon corriendo en ríos de placer. todas las rosas murieron alguna vez. todos los veranos terminan. todos los coños envejecen, se arrugan, se cierran. algunos besos, a veces, saben a fin. el bourbon también se termina y las chicas sienten frío, miedo, sueño cuando amanece. el amanecer tiene eso: es la hostia de bonito, pero da miedo y frío y resaca y bocas seca y fin de la música y botellas vacías. nos miramos todos, fijamente, en silencio. nos recordamos tanto a nuestros padres que el suicidio parece la mejor opción. el sol y la resaca provoca estas histerias, esta esquizofrenia. todo volverá a sus cauces de borrachera feliz esta noche.
salí de mi cuneta y caminé hasta llegar a la ciudad de las mil iglesias. sólo encontré un bar. entré y vi una chica. rubia, alta, puta. un buen culo agujereado, ensartado en unos minúsculos pantalones cortos, unas tetas enormes, arrastrando por el suelo. pezones morados imaginaba. le pagué una copa y se vino conmigo en mi destartalado coche azul. recorríamos todos los países. siempre era primavera. siempre llovía. siempre arena, siempre playa, siempre concha, siempre sal. ella dormía muy bien, dormía tan bien que tenías que soñar con ella. ella ya no era puta. ella era un ángel mortal que nunca me dejó ver sus ojos. ella murió en una ciudad sin playa. ella me dejó solo en mi viejo coche azul. ella nunca me dijo su nombre y nunca me enseñó sus ojos. siempre soñé con ella. la inventé mil nombres y mil ojos pero ninguna hacían justicia. ella me dejo en una ciudad sin playa, solo en mi viejo coche azul. ella se vino conmigo por nada y tuvo que morir en una ciudad tan gris que no tenía playa.
vivía en una pequeña casa que era sólo una habitación. tenía televisión, video, comida, bebida y más cosas que aseguraban mi sobrevivir cotidiano. era un obeso agente inmobiliario. tenía un horario y un sueldo fijo y un despacho y secretaria y ordenador y fax y clips y grapadora y papel continuo y una indudable seguridad de que estaba muerto. vivía en una ciudad con semáforos y ruido /humo, bigotes, sombreros, pasos de cebra, faldas muy cortas y salpicones de árboles moribundos: centro /casas bajas, pequeñas y antiguas plazas, delantales, panaderías, tascas, monos de trabajo, niños con mocos: alrededor del centro /tejados de hojalata, no ladrillos, terrones, terraplenes, agujas hipodérmicas, suciedad, hogares oscuros: alrededor de los alrededores del centro /jardines, verjas millonarias, piscinas, tenis, grandes puertas, ostentosos coches azul marino, criados bien vestidos: punto y aparte de todo.
existen veranos y moscas. existen mañanas y lluvia y noviembre, estoy seguro de que existe noviembre. existen perros y pulgas. existen pelos y lavabos. existen todo tipo de cosas absurdas, innecesarias, incoherentes, solitarias, autónomas. yo no existo, ¿por qué yo no puedo existir? quizás sea mejor no existir, ser una sombra que se esconda bajo cualquier piedra. puede que empieza a vivir no existiendo, no lo se.
desesperación
es tan fácil como salir a la calle y mirar a los ojos de la gente. la mayoría son ojos insignificantes de personas insignificantes. ves mujeres tímidas. solas. acartonadas. mujeres cuya acción más emocionante es la compra de los viernes. mujeres que llevan varios años muertas. sin lágrimas. vacías.
ves hombres-fantasma. hombres que no se dejan ver. sombras. rocas. trastos inservibles. hombres que miran con sus grandes ojos tímidos y asustados, que miran desde lo más hondo de sus ojos vacíos. miedo, sientes su miedo.
sales a la calle y hay coches y mierdas de perro y bolsas vacías y vasos rotos y vómitos y pequeñas pesadillas cotidianas en cada esquina.
... y cuando más cerca tenía el sol llegaron las nubes y todo oscureció. mi vida se ensombreció y la botella ya no servía de nada. no había solución, sólo dulces y ligeras alegrías que no tienen nada que ver conmigo (desesperación). el mar puede llegar a ser una muerte muy conveniente.
... y la minúscula barquita de cartón choco contra las inmensas rocas que no se inmutaron. pequeños trozos de cristal, cartón, papel y una madera salvavidas. las olas como pequeños saludos de muerte. no importan ahora los bosques, ni los tejados de hojalata. no importan ahora coches último modelo, ni condones sin usar. ni siquiera importa si el pan está duro o si quedan huevos en la nevera (la fama llega en forma de una pequeña nota heroica en el periódico de la mañana)
... y sonaron trompetas celestiales de bienvenida y entonces supe que todo había terminado. no quise mirar más atrás. quizás ella estuviese allí todavía allí, siempre sonriendo. es tan guapa ella, es tan de arena ella, es tan poco mía. me da miedo poder quererla solo para mi. pero todo eso ya no está. ella sigue hablando con el mismo idiota y me pena que no mire hacia aquí, que no me dedique una última mirada.
[ ¡¿qué coño es todo esto?! - breve historia de amor al final -]
hay paredes a mi alrededor. hay rostro dementes frente a mi. hay rostro insignificantes tras de mi. jugamos a no ver nada. veo perros-lanza. veo perros con la mirada triste, como días de diciembre. espirales de tiempo, cocktail de recuerdos y rostros: han pasado mil siglos desde ayer.
tragedias. pequeñas y continuas y diarias tragedias. sonrisas que dejamos pasar sin darnos cuenta, perdemos continuamente la posibilidad de sonreír. todas las mínimas derrotas que nos van arrastrando a no sonreír más.
la locura como segunda opción ante la muerte. locura o muerte. locura o muerte o sangre. vegetales comestibles. balcones encadenados, como tiernas jaulas de oro. muerte o locura o sangre o cuchillos sin usar. casa en ruinas. asesinos-psicópatas-expanaderos. sangre o muerte o locura o huesos primitivos (historia sangrante o sangrienta). botellas de cerveza vacías y whisky escocés muy caro. borracheras, como la mejor huida posibles. marihuana y no estar seguro de nada. tener miedo de los sentidos (ojos-nariz-boca-oreja-manos: mortales, mentirosos, irónicos). locura o muerte.
días despeinados. ojeras. dientes temblorosos. botones sin abrochar y traiciones metódicas. mujeres frías, lechos muy usados, bonitas putitas de ojos azules. todo a mi alrededor y nada, no controlo nada. se me escapan lamentos y tímidas sonrisas blanquecinas. tengo miedo de túneles oscuros, muy oscuros, tan oscuros que los ojos son estúpidas cuencas vacías en tu cara.
acumulas visitas a ventanillas de información, de impresos en blanco, de impresos rellenos, de dudas, de pagos, de cobros, de mierda. siempre estás en despachos muy bien decorados, muy limpios, muy amarillos. siempre estás tras mesas de caoba, frente a fotos sonrientes y banderitas patrióticas. y detrás de cada ventanilla y de cada mesa está el mismo tipo calvo, con gafas redondas, escuálido, sin una facción recordable; tras esas ventanillas está la misma zorra gorda que te hace la vida imposible y fuma un cigarrillo tras otro. pero entonces ocurre el milagro y tras una mesa de despacho está el ser más adorable del mundo. con su escasa falda, sus piernas interminable. un cuerpo dispuesto a provocar sueños y cuchicheos en el autobús. no anda, baila despacio, lentos movimientos hipnóticos. y entonces decides que la vida no es tan mala como pensabas, y entonces descubres que los ángeles existen.
me levante en una extraña cuneta magullado, arañado, semi-muerto. vacío, totalmente vacío de sentimientos. pasé varios días de bar en bar, bebiendo un vino-vinagre tan agrio que destrozo cualquier parte servible de mi cuerpo. mi cabeza como una mesa de ping-pong. la resaca, como un maravilloso recuerdo de chicas desnudas y bourbon corriendo en ríos de placer. todas las rosas murieron alguna vez. todos los veranos terminan. todos los coños envejecen, se arrugan, se cierran. algunos besos, a veces, saben a fin. el bourbon también se termina y las chicas sienten frío, miedo, sueño cuando amanece. el amanecer tiene eso: es la hostia de bonito, pero da miedo y frío y resaca y bocas seca y fin de la música y botellas vacías. nos miramos todos, fijamente, en silencio. nos recordamos tanto a nuestros padres que el suicidio parece la mejor opción. el sol y la resaca provoca estas histerias, esta esquizofrenia. todo volverá a sus cauces de borrachera feliz esta noche.
salí de mi cuneta y caminé hasta llegar a la ciudad de las mil iglesias. sólo encontré un bar. entré y vi una chica. rubia, alta, puta. un buen culo agujereado, ensartado en unos minúsculos pantalones cortos, unas tetas enormes, arrastrando por el suelo. pezones morados imaginaba. le pagué una copa y se vino conmigo en mi destartalado coche azul. recorríamos todos los países. siempre era primavera. siempre llovía. siempre arena, siempre playa, siempre concha, siempre sal. ella dormía muy bien, dormía tan bien que tenías que soñar con ella. ella ya no era puta. ella era un ángel mortal que nunca me dejó ver sus ojos. ella murió en una ciudad sin playa. ella me dejó solo en mi viejo coche azul. ella nunca me dijo su nombre y nunca me enseñó sus ojos. siempre soñé con ella. la inventé mil nombres y mil ojos pero ninguna hacían justicia. ella me dejo en una ciudad sin playa, solo en mi viejo coche azul. ella se vino conmigo por nada y tuvo que morir en una ciudad tan gris que no tenía playa.
vivía en una pequeña casa que era sólo una habitación. tenía televisión, video, comida, bebida y más cosas que aseguraban mi sobrevivir cotidiano. era un obeso agente inmobiliario. tenía un horario y un sueldo fijo y un despacho y secretaria y ordenador y fax y clips y grapadora y papel continuo y una indudable seguridad de que estaba muerto. vivía en una ciudad con semáforos y ruido /humo, bigotes, sombreros, pasos de cebra, faldas muy cortas y salpicones de árboles moribundos: centro /casas bajas, pequeñas y antiguas plazas, delantales, panaderías, tascas, monos de trabajo, niños con mocos: alrededor del centro /tejados de hojalata, no ladrillos, terrones, terraplenes, agujas hipodérmicas, suciedad, hogares oscuros: alrededor de los alrededores del centro /jardines, verjas millonarias, piscinas, tenis, grandes puertas, ostentosos coches azul marino, criados bien vestidos: punto y aparte de todo.
existen veranos y moscas. existen mañanas y lluvia y noviembre, estoy seguro de que existe noviembre. existen perros y pulgas. existen pelos y lavabos. existen todo tipo de cosas absurdas, innecesarias, incoherentes, solitarias, autónomas. yo no existo, ¿por qué yo no puedo existir? quizás sea mejor no existir, ser una sombra que se esconda bajo cualquier piedra. puede que empieza a vivir no existiendo, no lo se.
desesperación
es tan fácil como salir a la calle y mirar a los ojos de la gente. la mayoría son ojos insignificantes de personas insignificantes. ves mujeres tímidas. solas. acartonadas. mujeres cuya acción más emocionante es la compra de los viernes. mujeres que llevan varios años muertas. sin lágrimas. vacías.
ves hombres-fantasma. hombres que no se dejan ver. sombras. rocas. trastos inservibles. hombres que miran con sus grandes ojos tímidos y asustados, que miran desde lo más hondo de sus ojos vacíos. miedo, sientes su miedo.
sales a la calle y hay coches y mierdas de perro y bolsas vacías y vasos rotos y vómitos y pequeñas pesadillas cotidianas en cada esquina.
... y cuando más cerca tenía el sol llegaron las nubes y todo oscureció. mi vida se ensombreció y la botella ya no servía de nada. no había solución, sólo dulces y ligeras alegrías que no tienen nada que ver conmigo (desesperación). el mar puede llegar a ser una muerte muy conveniente.
... y la minúscula barquita de cartón choco contra las inmensas rocas que no se inmutaron. pequeños trozos de cristal, cartón, papel y una madera salvavidas. las olas como pequeños saludos de muerte. no importan ahora los bosques, ni los tejados de hojalata. no importan ahora coches último modelo, ni condones sin usar. ni siquiera importa si el pan está duro o si quedan huevos en la nevera (la fama llega en forma de una pequeña nota heroica en el periódico de la mañana)
... y sonaron trompetas celestiales de bienvenida y entonces supe que todo había terminado. no quise mirar más atrás. quizás ella estuviese allí todavía allí, siempre sonriendo. es tan guapa ella, es tan de arena ella, es tan poco mía. me da miedo poder quererla solo para mi. pero todo eso ya no está. ella sigue hablando con el mismo idiota y me pena que no mire hacia aquí, que no me dedique una última mirada.
[ ¡¿qué coño es todo esto?! - breve historia de amor al final -]
hay paredes a mi alrededor. hay rostro dementes frente a mi. hay rostro insignificantes tras de mi. jugamos a no ver nada. veo perros-lanza. veo perros con la mirada triste, como días de diciembre. espirales de tiempo, cocktail de recuerdos y rostros: han pasado mil siglos desde ayer.
tragedias. pequeñas y continuas y diarias tragedias. sonrisas que dejamos pasar sin darnos cuenta, perdemos continuamente la posibilidad de sonreír. todas las mínimas derrotas que nos van arrastrando a no sonreír más.
la locura como segunda opción ante la muerte. locura o muerte. locura o muerte o sangre. vegetales comestibles. balcones encadenados, como tiernas jaulas de oro. muerte o locura o sangre o cuchillos sin usar. casa en ruinas. asesinos-psicópatas-expanaderos. sangre o muerte o locura o huesos primitivos (historia sangrante o sangrienta). botellas de cerveza vacías y whisky escocés muy caro. borracheras, como la mejor huida posibles. marihuana y no estar seguro de nada. tener miedo de los sentidos (ojos-nariz-boca-oreja-manos: mortales, mentirosos, irónicos). locura o muerte.
días despeinados. ojeras. dientes temblorosos. botones sin abrochar y traiciones metódicas. mujeres frías, lechos muy usados, bonitas putitas de ojos azules. todo a mi alrededor y nada, no controlo nada. se me escapan lamentos y tímidas sonrisas blanquecinas. tengo miedo de túneles oscuros, muy oscuros, tan oscuros que los ojos son estúpidas cuencas vacías en tu cara.
acumulas visitas a ventanillas de información, de impresos en blanco, de impresos rellenos, de dudas, de pagos, de cobros, de mierda. siempre estás en despachos muy bien decorados, muy limpios, muy amarillos. siempre estás tras mesas de caoba, frente a fotos sonrientes y banderitas patrióticas. y detrás de cada ventanilla y de cada mesa está el mismo tipo calvo, con gafas redondas, escuálido, sin una facción recordable; tras esas ventanillas está la misma zorra gorda que te hace la vida imposible y fuma un cigarrillo tras otro. pero entonces ocurre el milagro y tras una mesa de despacho está el ser más adorable del mundo. con su escasa falda, sus piernas interminable. un cuerpo dispuesto a provocar sueños y cuchicheos en el autobús. no anda, baila despacio, lentos movimientos hipnóticos. y entonces decides que la vida no es tan mala como pensabas, y entonces descubres que los ángeles existen.

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