jueves, 8 de enero de 2009

Adolescentes

Pequeños ejércitos de Lords Byron
bailando al compás
de ritmos imposibles,
con los volantes de sus camisas
ajados y mugrientos.
Romanticos empedernidos que aún lloran
en la intimidad de sus nidos de barro,
insonmes obligados por las circunstancias
que hablan con una voz prestada
y quieren cortarse las venas cada amanecer
y beber vino en buhardillas apenas iluminadas.

Ruidosas lunas de papel de plata
que se deslizan con suavidad por los brazos
tatuados
de princesas destronadas
en el banco de hierro de un parque asilvestrado,
con las ojeras delatoras
y el camino ennegrecido del rímel
como cruel metáfora de su futuro.
Gritan las niñas a las puertas de los hospitales
consignas en clave:
RU-486
como un nuevo robot de la guerra de las galaxias,
como unas nuevas deportivas,
como un atractivo espia en plena guerra fría.
RU-486
salva el futuro que se nos escapa
por los arroyos embravecidos de nuestras mejillas.

Se mesan los cabellos con delicadeza,
se estiran los volantes victorianos de sus camisas
y tocan en la pianola
viejas melodías desconocidas.

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