jueves, 13 de noviembre de 2008

Pavada Nº 2

oyendo viejas canciones de los sesenta, tan optimistas que yo quiero ser un hijo de las flores. fumando cigarrillos extraños y corriendo con mi cámara por los caminos perdidos de la memoria. aquí estoy de nuevo, querida, más loco si cabe que la última vez. ya ves que hay un cambio sustancial en mi manera de escribir: la última vez estaba oyendo a Dylan, hoy estoy escuchando a los Brincos. y es que todo se mezcla en estos tiempos de tenerte y no tenerte, que al final se convierte en quererte o no quererte, es decir que se transforma en la viceversa de la margarita primaveral. y si nos ponemos a hablar de flores, carita de melocotón, siempre aparece la amapola por alguna macabra asociación de conceptos que no llego a comprender (quizás sea mejor así) es una actitud cómoda la de no saber pero sobre todo no querer saber, no conocer más allá de cosas como cruzar la calle en el momento oportuno o fumar con la mano izquierda.
el hámster a desaparecido y ahora son los gatos y esta extraña luz que me da el fluorescente semiderrumbado de mi habitación lo que me acompaña, porque obviamente tú no apareces por aquí (me refiero a mi habitación, a mis noches, a mi vida, porque lo que es en mis hojas eres la protagonista absoluta) y es que soy un poco (bastante) estúpido y ansioso y doy miedo, se que te doy miedo. se que te dan miedo estas cartitas sin importancia alguna, que simplemente nacen del amor (y vuelve la imagen de la amapola: extraño, no crees?) ya estoy otra vez mezclando los signos de puntuación, yo que no se ni cuando hay que poner mayúsculas juego a ser un gran escritor poniendo signos de ortografía muy seguidos. eso si que da miedo y no mi triste cara de asesino de libros.

1 comentario:

niñalunar dijo...

No me gustan las pavadas niño. Tal vez sea lo mejor que has escrito pero me recuerdan a una época que no me gusta recordar.así que hasta que no pongas otra cosa no lo voy a leer.un beso