cotidianidades
[historia de Norman]
Norman llegó borracho un sábado, Norman llegó borracho muchos sábados seguidos. aquel sábado había sido el mejor en mucho tiempo. había hablado con algunas chicas, incluso un pezón había rozado inocentemente su brazo (¿inocentemente?) había acabado con unas cuantas botellas de vino, un vino barato pero bastanta aceptable (¿qué vino no es aceptable para un chico de 18 años un sábado con ganas de borrachera?) había habido más chicas aquella noche, vio algunas lenguas muy de cerca y Norman se sentía bien.
aquel sábado también hubo marihuana en un un callejón, también hubo locuras, magnificas locuras. Norman se encontraba entre aquel coche y la luna, volando a dos mil metros de altura.
pero todo lo bueno termina y a Norman le llego la hora de bajar de la luna. le cogieron dos amigos un poco menos borrachos que él, dos amigos con una pizca de lucidez que les dio a entender que algo marchaba mal cuando le encontraron vomitando en el suelo. los tres formaban un cuadro curioso arrastrándose por la calle, unos apoyados sobre los otros gritando incoherencias. llegaron a casa de Norman y abrieron como pudieron. Norman se cayó en el portal y rompió algo que sonó muy valioso. se encendió una luz, se oyeron unos pasos y apareció el padre de Norman. "¿qué me traéis aquí?" gritó, bramó, escupió "es Norman. ha bebido un poco" tartamudeo uno de los dos amigos. "eso no es mi hijo. ese andrajoso borracho no es nada mío. llevaos eso de aquí o llamo a la policía" Norman no se movía en su alfombra del portal. los amigos salieron corriendo y las luces se apagaron, los ruidos se apagaron y Norman durmió en el portal aquella noche.
al día siguiente en casa de Norman hubo lágrimas (de su madre), hubo gritos (de su padre) y hubo más gritos (de Norman). hubo amenazas, insultos y caras largas de los hermanos de Norman. esto es lo peor, pensaba Norman, con un dolor de cabeza de magnitudes imposibles. tenía la boca seca, pero no paraba de gritar. la garganta aprisionada, las cuerdas vocales eran ásperos cabos, pero no se rendía. el fin se olía por allí, se notaba su presencia cerca de ellos. Norman fue a su habitación e hizo una maleta ridícula, en realidad no pensaba en lo que estaba cogiendo, mientras hacia su ridículo equipaje pensaba en otra cosa. oía a su madre llorar y se encogía hasta no ser nada. abrió la puerta y se fue. no se despidió de nadie, no dijo adiós a su madre, ni dejó una nota encima de la cama: todos sabían porque se iba.
todo empezó a derrumbarse en aquella casa en ese momento. también se cayó todo en la vida de Norman, pero el tenía mucho tiempo para construir todo de nuevo y construirlo mucho mejor. nada fue lo mismo para casi nadie. la madre intentaba sonreír casi todo el tiempo, pero sus ojos sólo existían como vidrio; el padre intentaba una calma aparente que siempre le había acompañado, pero era un volcán a punto de explotar; los hermanos habían perdido la voz, eran un susurro, un cuchicheo: eran sombras.
Norman no vivió mal. estuvo en casa de un amigo hasta que encontró un trabajo y ganó algo de dinero. vivía en una pensión, el solo, donde no había nadie abriendo y revolviendo sus cajones. salía por la noche y volvía borracho. podía dormir en el suelo si quería, podía beberse dos litros de agua si tenía resaca. podía fumarse porros enormes antes de dormir y llevarse a la cama putas de enormes tetas. tenía su propio dinero para comprar libros, discos y botellas de vino carísimas para invitar a sus putas de lujo. pero sólo era el trabajador de una fábrica de galletas y en sus sueños de grandeza eso no aparecía por ninguna parte. empezó a escribir canciones y compró una destartalada guitarra de segunda mano. con una voz rota y un puñado de canciones salvajes se presentaba de bar en bar, cosechando botellazos y alguna que otra flor. tocaba a última hora, cuando sólo quedaban parejas de borrachos sobándose en un rincón oscuro. si el dueño del bar había tenido una buena noche le daba un poco de dinero. de vez en cuando iba alguna chica borracha, se sentaba en primera fila y observaba con ojos de borracha el concierto. al terminar, Norman la invitaba a una cerveza y se la llevaba a su vieja pensión. ya no había caras botellas de vino en su habitación, le habían echado de la fábrica porque siempre llegaba tarde. se mantenía a base de cajas de galletas que había robado. tenía galletas de chocolate, de fresa, con agujeros, sin agujeros, de nata, hasta galletas con forma de polla. de vez en cuando salía a la calle a tocar un poco para ganarse unas perras. si había suerte además de ganarse para una botella de vino y una comida decente, también se tiraba a alguna yonki que pasase por allí.
siguió tocando en tugurios del tres al cuarto, recibiendo botellazos y eructos con olor a cerveza rancia. pensaba, algún día llegará mi oportunidad, Norman tu siempre has tenido suerte. pero la suerte de Norman se había acabado y una de las yonkis que se follaba casi a diario le contagió el sida. Norman se asustó un poco cuando se lo dijeron, cogió las cuerdas de la guitarra y se ahorcó con ellas.
fue una muerte muy bonita, muy significativa. las fotos policiales quedaron muy bien: un tipo demacrado colgado de una viga de madera en una sucísima habitación de pensión. debajo de él, una guitarra sin cuerdas. por toda la habitación cientos de paquetes de galletas vacíos, galletas aplastadas, condones usados, botellas de vino terciadas, libros rotos, discos partidos y colillas repartidas por todos los rincones. todo era muy simbólico, y ni siquiera después de un suicidio tan maravilloso sus canciones se consideraron algún tipo de arte, ni a él se le consideró artista. sólo era otro chico drogadicto más.
[historia de Norman]
Norman llegó borracho un sábado, Norman llegó borracho muchos sábados seguidos. aquel sábado había sido el mejor en mucho tiempo. había hablado con algunas chicas, incluso un pezón había rozado inocentemente su brazo (¿inocentemente?) había acabado con unas cuantas botellas de vino, un vino barato pero bastanta aceptable (¿qué vino no es aceptable para un chico de 18 años un sábado con ganas de borrachera?) había habido más chicas aquella noche, vio algunas lenguas muy de cerca y Norman se sentía bien.
aquel sábado también hubo marihuana en un un callejón, también hubo locuras, magnificas locuras. Norman se encontraba entre aquel coche y la luna, volando a dos mil metros de altura.
pero todo lo bueno termina y a Norman le llego la hora de bajar de la luna. le cogieron dos amigos un poco menos borrachos que él, dos amigos con una pizca de lucidez que les dio a entender que algo marchaba mal cuando le encontraron vomitando en el suelo. los tres formaban un cuadro curioso arrastrándose por la calle, unos apoyados sobre los otros gritando incoherencias. llegaron a casa de Norman y abrieron como pudieron. Norman se cayó en el portal y rompió algo que sonó muy valioso. se encendió una luz, se oyeron unos pasos y apareció el padre de Norman. "¿qué me traéis aquí?" gritó, bramó, escupió "es Norman. ha bebido un poco" tartamudeo uno de los dos amigos. "eso no es mi hijo. ese andrajoso borracho no es nada mío. llevaos eso de aquí o llamo a la policía" Norman no se movía en su alfombra del portal. los amigos salieron corriendo y las luces se apagaron, los ruidos se apagaron y Norman durmió en el portal aquella noche.
al día siguiente en casa de Norman hubo lágrimas (de su madre), hubo gritos (de su padre) y hubo más gritos (de Norman). hubo amenazas, insultos y caras largas de los hermanos de Norman. esto es lo peor, pensaba Norman, con un dolor de cabeza de magnitudes imposibles. tenía la boca seca, pero no paraba de gritar. la garganta aprisionada, las cuerdas vocales eran ásperos cabos, pero no se rendía. el fin se olía por allí, se notaba su presencia cerca de ellos. Norman fue a su habitación e hizo una maleta ridícula, en realidad no pensaba en lo que estaba cogiendo, mientras hacia su ridículo equipaje pensaba en otra cosa. oía a su madre llorar y se encogía hasta no ser nada. abrió la puerta y se fue. no se despidió de nadie, no dijo adiós a su madre, ni dejó una nota encima de la cama: todos sabían porque se iba.
todo empezó a derrumbarse en aquella casa en ese momento. también se cayó todo en la vida de Norman, pero el tenía mucho tiempo para construir todo de nuevo y construirlo mucho mejor. nada fue lo mismo para casi nadie. la madre intentaba sonreír casi todo el tiempo, pero sus ojos sólo existían como vidrio; el padre intentaba una calma aparente que siempre le había acompañado, pero era un volcán a punto de explotar; los hermanos habían perdido la voz, eran un susurro, un cuchicheo: eran sombras.
Norman no vivió mal. estuvo en casa de un amigo hasta que encontró un trabajo y ganó algo de dinero. vivía en una pensión, el solo, donde no había nadie abriendo y revolviendo sus cajones. salía por la noche y volvía borracho. podía dormir en el suelo si quería, podía beberse dos litros de agua si tenía resaca. podía fumarse porros enormes antes de dormir y llevarse a la cama putas de enormes tetas. tenía su propio dinero para comprar libros, discos y botellas de vino carísimas para invitar a sus putas de lujo. pero sólo era el trabajador de una fábrica de galletas y en sus sueños de grandeza eso no aparecía por ninguna parte. empezó a escribir canciones y compró una destartalada guitarra de segunda mano. con una voz rota y un puñado de canciones salvajes se presentaba de bar en bar, cosechando botellazos y alguna que otra flor. tocaba a última hora, cuando sólo quedaban parejas de borrachos sobándose en un rincón oscuro. si el dueño del bar había tenido una buena noche le daba un poco de dinero. de vez en cuando iba alguna chica borracha, se sentaba en primera fila y observaba con ojos de borracha el concierto. al terminar, Norman la invitaba a una cerveza y se la llevaba a su vieja pensión. ya no había caras botellas de vino en su habitación, le habían echado de la fábrica porque siempre llegaba tarde. se mantenía a base de cajas de galletas que había robado. tenía galletas de chocolate, de fresa, con agujeros, sin agujeros, de nata, hasta galletas con forma de polla. de vez en cuando salía a la calle a tocar un poco para ganarse unas perras. si había suerte además de ganarse para una botella de vino y una comida decente, también se tiraba a alguna yonki que pasase por allí.
siguió tocando en tugurios del tres al cuarto, recibiendo botellazos y eructos con olor a cerveza rancia. pensaba, algún día llegará mi oportunidad, Norman tu siempre has tenido suerte. pero la suerte de Norman se había acabado y una de las yonkis que se follaba casi a diario le contagió el sida. Norman se asustó un poco cuando se lo dijeron, cogió las cuerdas de la guitarra y se ahorcó con ellas.
fue una muerte muy bonita, muy significativa. las fotos policiales quedaron muy bien: un tipo demacrado colgado de una viga de madera en una sucísima habitación de pensión. debajo de él, una guitarra sin cuerdas. por toda la habitación cientos de paquetes de galletas vacíos, galletas aplastadas, condones usados, botellas de vino terciadas, libros rotos, discos partidos y colillas repartidas por todos los rincones. todo era muy simbólico, y ni siquiera después de un suicidio tan maravilloso sus canciones se consideraron algún tipo de arte, ni a él se le consideró artista. sólo era otro chico drogadicto más.

1 comentario:
Uooohhh!!!menuda historia y pobre Norman!!desde q lei la parte en la q se tiraba a la yonki sabia q al final algo asi le pasaria...aunq reconozco q me ha sorprendido la forma de morir"ahorcandose con las cuerdas de su guitarra",q bueno.
Me gusta,me gusta, me pasare por estos lares,aunq espero q en la proxima no haya una vida tan decadente como...la vida misma XD
Saludos! ^_^
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