viernes, 10 de octubre de 2008

El crimen del pintor que fumaba ducados

En verano bebemos
ginebra azul con soda verde,
siempre buscando el arco iris imposible.
Y hablamos con los libros
como si fueran nuestros amigos,
como si fueran alegres estribillos
de los Beach Boys
repletos de rubias, olas, palmeras
playas inmensas,
tablas de surf;
Hablamos con los libros
y simulamos no saber
que no son más
que putas resabiadas
que nos obligan a lavarnos
nuestro miembro,
lánguido y asustado,
en bidés repletos de desconchones
y animales invisibles.

Sólo quiero saber
si volverán las jodidas golondrinas
a formar sus nidos de barro frente a mi ventana,
si picotearan con rabia hitchcockiana
la calva cabeza
del pintor desaprensivo del ducados en la boca,
que el pasado junio
destrozó de un brochazo
sus cornisas de barro,
sus jardines de barro,
sus salones de barro.

Yo,
cegado por la ginebra azul,
atolondrado por el verano eterno,
por los besos con sabor a sal,
por las noches al fresco,
no me percate del crimen,
no protegí vuestro hogar.
Pero ahora,
con el invierno echándome
su aliento helado en la nuca
y en los pies
(sobre todo en los pies)
solo quiero poder mirar
desde mi habitación
la inmovilidad serena de vuestros nidos
mientras en la calle
se hielan las piedras.

1 comentario:

noe dijo...

Cada relato que escribes y que yo leo me gusta más que el anterior chivita....